Sin miedo a los nuevos hermanos Contreras

Francisco José Martínez Cano

Es lamentable que algunos individuos sin escrúpulos, osen hablar en contra de los señores obispos, sin base alguna y además con un total irrespeto. Creo que las cosas se están saliendo de su cauce no sólo a nivel de política, sino (y más peligroso aún) a nivel de fanatismo anticlerical.

Las personas (que no son muchas) que se han dedicado a juzgar la actuación de S.E. Mons. Juan Abelardo Mata, así como la de otros obispos, están muy lejos de la realidad y del conocimiento mínimo del papel que un obispo tiene que desempeñar. Con todo este “alboroto” a nivel de Medios de Comunicación —y no de todos— me parece que estoy viviendo escenas de la Vida de Jesús cuando al entrar a la casa de pecadores, publicanos y cobradores de impuestos, los fariseos de su tiempo lo condenaban diciendo: “¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?”, Jesús tomó la palabra y dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan”. Lo anterior es interesante por cuanto los obispos al igual que Jesús, desempeñan loables labores en diferentes puntos de la geografía nacional. Como cristiano y católico pienso que sería interesante que algún Medio de Comunicación le dedicara tres días a cualquier obispo y pueda ver in situ la labor que ellos desempeñan, y cómo los mismos, entran y son recibidos en los municipios con amor filial por miles de obreros y campesinos de las zonas urbanas y rurales de Nicaragua.

Como podemos leer, el obispo no sólo debe interceder por los pecadores debido a la misericordia, sino incluso por una orden implícita de nuestro Señor Jesucristo —que al final es a quien deben toda explicación— es decir, que aún no deseándolo, el obispo debe estar a la par del necesitado, entendida esta palabra en el sentido de la necesidad moral y espiritual.

Algunos creerán que la gente está en contra de la Jerarquía Católica, por la publicación de algunos Medios de Comunicación que tendenciosamente presentan un lado de la balanza, pero no publican los escritos de este otro lado; no se equivoquen, lo que pasa es que los cristianos contamos con armas mucho mayores y mejores como son la oración y el perdón y consideramos nuestra mayor venganza llevar a nuestros enemigos a los pies de Cristo, porque Él les ama, sabiendo que no se puede amar a Dios si odiamos a nuestros hermanos. “El que dice ‘amo a Dios’, y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?” (1 Jn. 4, 20-21).

Es importante que los nicaragüenses recordemos que el obispo no se mueve solamente en un plano meramente material y de acuerdo a criterios de complacencia social. Debemos aceptar y asimilar que los señores obispos toman decisiones a niveles tanto materiales como espirituales después de mucho discernimiento, aun sabiendo que no todos estarán de acuerdo con sus decisiones.

Pienso que aquéllos que atacan a la Iglesia saben muy bien que la Iglesia (laicos y consagrados) no estamos de acuerdo con la corrupción —venga de quien venga y haya sido ésta realizada, hace uno, siete, doce o cincuenta años—, con lo que nunca estaremos de acuerdo los cristianos es con que se violen los derechos fundamentales de las personas —nosotros odiamos el pecado, pero no al pecador— porque si nosotros violáramos uno solo de sus derechos, caeríamos en el mismo delito del que presumimos han caído ellos.

No quisiera cerrar este artículo de opinión, sin hacer mención que no le tenemos miedo a que regresen los hermanos Contreras —como se mencionó en un diario local— y pretendan amedrentar la misión de la Iglesia, al contrario, eso nos anima como cristianos y estoy seguro de que anima a nuestros obispos, ya que así se cumple la Palabra de Dios que dice: “Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su Señor. Si me persiguieron a Mí, también los perseguirán a ustedes…(Juan 15, 20).

El autor es director de la Revista Laicos.  

Editorial
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