Una chatarra de plan

Eduardo Enrí[email protected]

Cada cierto tiempo veo las mismas declaraciones de los jefes policiales de Tránsito: “Esta vez el plan chatarra va a fondo”. “Vamos a poner mano dura”. “Quien no cumpla con los requerimientos mínimos, sale de circulación”. Generalmente, esos planes chatarra son impulsados cada vez que llega un nuevo jefe a la Dirección de Tránsito.

Pero como se ven las cosas, esos sonados Plan Chatarra son más bien una chatarra de plan. Si funcionaran bien, no habría buses de rutas urbanas circulando en las calles porque, estoy seguro, ninguno pasaría.

Es curioso que en este tipo de planes se habla siempre de “requerimientos mínimos”, como que si de trasladar ganado se tratara. Me parece que más bien se debería buscar un nivel de excelencia, pues lo que está en juego son vidas humanas. Pero en fin, esos “requerimientos mínimos”, según lo admite la misma Policía, son: frenos, luces y dirección. ¿Debemos entender que si una de esas unidades tiene luces, frena y no se sale de la carretera entonces está perfecta para circular en Managua?

Aquí ni siquiera se toma en cuenta que cuando las unidades de transporte colectivo se “estrenan” en las calles de Managua ya cumplieron su vida útil en alguna ciudad del Primer Mundo; además, olímpicamente se pasa por alto que todas las unidades que circulan en nuestras calles carecen de puertas, y muchísimas no tienen el vidrio en las ventanas, un problema de seguridad obvio para los pasajeros, sobre todo cuando consideramos la velocidad a que los conductores de esos mastodontes circulan, atestados de pasajeros.

Tampoco se fijan en la situación del motor, a juzgar por las unidades que se pasean por las calles echando toneladas de humo negro que contamina el aire. Y eso para mencionar sólo lo obvio.

Pero en realidad este problema trasciende lo que es el Plan Chatarra en sí. El problema de la seguridad de los pasajeros, peatones y resto de conductores no es sólo el mal estado de las unidades. Aunque ya en muchas ocasiones ésa ha sido la causa de muchos accidentes y muchas muertes, en especial de esos terribles Robur, que a cada rato se les van los frenos. Y eso que es uno de los “requerimientos mínimos” del Plan Chatarra.

Como hemos visto en las últimas semanas, también son causa de muertes la imprudencia y el desenfreno con el que los buseros conducen sus unidades. Lo hacen sin el menor respeto a las señales de tránsito, a los otros conductores y a los peatones. Y a la vista y paciencia de los policías que se quedan al margen de la calle como ridículos monigotes, sólo viendo pasar al mastodonte que, no sería raro, cuadras más adelante aplastará a un ciclista o arrancará de la mano de su padre a una menor, como en efecto ha ocurrido.

No sé qué tipo de interés tendrá la Policía —desde el agente de línea hasta el Comisionado General— para hacerse de la vista gorda con estos atropellos, pero para ser justo, no es sólo un problema de la Policía. En esto tienen culpa muchos: el Instituto Regulador del Transporte Municipal, el Ministerio de Transporte, la Corte Suprema y los Juzgados y la Asamblea Nacional.

Hay que repensar desde el mismo modelo del transporte colectivo en este país, que se ha convertido en un feudo de las cooperativas —que deberían de perder su concesión si caen en graves infracciones—, pasando por endurecer las leyes y las sanciones y por presionar para que la Policía y los jueces hagan cumplir esas leyes y castiguen a los que las infringen.

Y que no salgan los “expertos” diciendo que es un “problema complejo”. Desde que se puso contra la pared a la pandilla de corruptos que parecían omnipotentes, aquí se demostró que todo lo que se necesita es voluntad… y pantalones.  

Editorial
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