Hambruna en el norte

Las fotografías de niños flacos y desnutridos que han aparecido publicadas en los periódicos no pueden ser más dramáticas. Hay hambre en el norte del país. La hubo también el año pasado, como se puede verificar revisando los diarios de julio, agosto y septiembre de 2001. Y desgraciadamente la ha habido en muchos otros años, no sólo aquí en Nicaragua sino también en los demás países centroamericanos y en muchas otras partes del mundo. Las estadísticas son espeluznantes: se estiman que cada día en el mundo mueren 24,000 personas de hambre o de causas relacionadas con el hambre, y de ellas, un 75 por ciento son menores de 5 años. Se estima, también, que unos 800 millones de personas sufren de hambre y de desnutrición.

Las hambrunas, en algunos casos, son provocadas por fenómenos naturales como sequías o inundaciones. En otros, son acciones del hombre: guerras, malos sistemas económicos y políticas económicas deficientes. En el caso de Nicaragua la causa estriba, principalmente, en la crisis del sector cafetalero. Muchas personas que están sufriendo hambre en algunos municipios de Matagalpa son trabajadores de fincas cafetaleras cuyos dueños, debido a los bajos precios del café, no han podido mantenerlos contratados y se han visto obligados a despedirlos. Al no tener ingreso, no pueden comprar alimentos. Hay cafetaleros, sin embargo, que con grandes sacrificios, mantienen a los trabajadores en sus fincas aunque sea dándoles sólo la alimentación a cambio de trabajo. Otros, menos endeudados o mejor organizados, mantienen una fuerza laboral asalariada. Sería lógico esperar, entonces, que si los precios del otrora “Grano de Oro” no estuvieran por los suelos, como lo están ahora, y no hubiera una situación de sequía o de inundación, no habría hambruna.

Pero hay hambre y es una tragedia. Asimismo, sin embargo, resulta chocante la manipulación que de esa tragedia están haciendo algunos políticos, sindicalistas, y medios de comunicación controlados por el ex presidente Arnoldo Alemán, que se están valiendo de esa desgraciada situación para hacer su politiquería. Esos mismos medios guardaron silencio el año pasado, cuando siendo todavía presidente de la República el doctor Arnoldo Alemán, en esos mismos municipios y en otros más, de Las Segovias y el norte de Chinandega, se vivía una situación similar a la actual. Incluso, como se recordará, Alemán ponía en duda que la hambruna fuera real, y se burlaba y decía que ésta, supuestamente, sólo ocurría en los municipios gobernados por alcaldes sandinistas.

Por su parte, algunos diputados como el representante sandinista por Matagalpa, Nelson Artola, acusan al gobierno de “prolongar la tragedia de decenas de familias”. Junto con los alcaldes de los municipios de La Dalia y San Ramón. Asegura, el mencionado diputado, que se requieren 30,000 empleos fijos y 12,000 empleos temporales, pero que “el gobierno trajo entretenimiento para 2,600 personas en dos meses”. Eso es demagogia pura, y significa valerse inescrupulosamente de una situación de desgracia para obtener réditos políticos. Y para explotar aún más la situación, ha dicho que el próximo martes traerán a los campesinos hambrientos a Managua.

La actitud de Artola es típica de la ideología estatista del partido al cual pertenece. De acuerdo con ella, es el Estado el que tiene la obligación de resolver cualquier problema social y económico, ya sea el de la crisis cafetalera o el de la hambruna. Por eso fue que en la Constitución Política, que fue elaborada bajo el régimen sandinista en 1986, introdujeron un artículo —el 63— que es totalmente demagógico, pues dice que: “Es derecho de los nicaragüenses estar protegidos contra el hambre”. Y pone esa responsabilidad en manos del Estado.

Es lamentable que esa mentalidad de esperarlo todo del Estado esté tan generalizada. Sólo así se explica que casi no haya habido, hasta ahora, ninguna iniciativa de la sociedad civil —salvo las del Canal 12 y la Radio Primerísima— para llevar ayuda a los hambrientos del norte. Pero, además, este problema es al fin de cuentas un problema de empleo, y se repetirá el próximo año si no se reactiva la producción en la zona.

Y como no puede esperarse que el café sea el motor de esa reactivación es urgente que los productores busquen las opciones correspondientes.  

Editorial
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