Ley 285

Leonel Teller Sánchez Es triste y doloso escuchar los argumentos de algunos industriales de la religión y la política, como es caso del ciudadano Guillermo Osorno, quien con la Sagrada Biblia bajo su brazo y en nombre de la Iglesia Evangélica defiende a capa y espada al ciudadano Arnoldo Alemán Lacayo por hechos que la […]

Leonel Teller Sánchez

Es triste y doloso escuchar los argumentos de algunos industriales de la religión y la política, como es caso del ciudadano Guillermo Osorno, quien con la Sagrada Biblia bajo su brazo y en nombre de la Iglesia Evangélica defiende a capa y espada al ciudadano Arnoldo Alemán Lacayo por hechos que la misma religión —a la que dice pertenecer y de la que se autodenomina líder— condenan hasta la saciedad.

El espíritu de la Ley 285 es claro, y cuando aprobaron su reforma en la Asamblea Nacional, algunos de nuestros colegas legisladores, incluyendo los de Camino Cristiano, comentaron en el plenario del Poder Legislativo que “esta ley es la que van a usar contra Arnoldo Alemán” por sus actos de corrupción.

La Ley 285 no limita el delito de lavado de dinero a las actividades relacionadas con sustancias sicotrópicas, estupefacientes u otras sustancias controladas, ya que también se le atribuye a “otros ilícitos” como son los delitos complejos: el peculado, la malversación de los caudales públicos, defraudación, estafa, asociación ilícita para delinquir y otros.

La movilización de la masa monetaria procedente del erario, que Arnoldo Alemán Lacayo sacó ilícitamente del país, caminó por un ciclo de lavado típico y muy comúnmente utilizado por la mafia internacional. Es por eso que, basados en las pruebas certificadas nacional e internacionalmente y las leyes de la República, se le acusó correctamente de varios delitos tipificados en Nicaragua, entre éstos el LAVADO DE DINERO.

Los argumentos de la Fiscalía General de la República sobre el delito de lavado de dinero es obvio que no están basados en la Ley 285, postura que no me sorprende cuando ésta procede de un ex Procurador General de Justicia que durante el ejercicio de ese alto cargo en el gobierno de Arnoldo Alemán Lacayo, nunca vio, nunca escuchó y nunca dijo esta boca es mía para acusar, mucho menos procesar, a los corruptos.

Ex legislador de la República.  

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