Las fronteras sofocan más

Douglas [email protected]

La integración de las naciones centroamericanas es una esperanza para los ciudadanos de algunos países del área que buscan trabajo y creen que lo hallarán en el territorio vecino, como ha sucedido con más de medio millón de nicaragüenses que ahora viven en Costa Rica.

Por eso hay una opinión mayoritaria pidiendo que la integración llegue pronto y las fronteras sean eliminadas, para que los habitantes de la región circulen con libertad y puedan trabajar en cualquier país.

La encuesta divulgada la semana pasada por el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) muestra que entre los pobladores del istmo ha crecido el interés de moverse sin trabas entre Guatemala y Panamá, sobre todo por razones laborales.

En Centroamérica viven más de 36 millones de personas, y el país con mejores condiciones de vida es Costa Rica, razón para que los emigrantes que aspiran a un empleo con buen salario, traten de asentarse allí.

En Nicaragua es donde tal vez haya más gente queriendo emigrar, porque los empleos son escasos y los ingresos más bajos que en los otros países, de acuerdo con las estadísticas del SICA y otras recientes encuestas de opinión.

El obrero agrícola de Nicaragua tiene un salario mínimo de 1.37 dólares por día, mientras el de Costa Rica percibe 7.95 dólares si no es calificado y 9.11 si es calificado. La paga más baja de la región es la nicaragüense, y la segunda más alta es la de Guatemala con 3.24 dólares.

Sólo el 26 por ciento de los nicaragüenses tiene trabajo fijo, indica el último estudio de opinión de CID-Gallup en Nicaragua, también publicado la semana pasada. El 27 por ciento de los consultados dijo que su principal ingreso proviene del trabajo eventual, el 25 por ciento recibe ayudas de familiares y el 12 por ciento vende mercancías para sobrevivir.

Es obvio que en esas circunstancias las fronteras sofoquen a la población que busca desesperada un ingreso económico o mejorar el que ya tiene, pero el hecho de abrirles el paso, sin restricción, dentro de Centroamérica, tampoco es garantía de que conseguirán el empleo anhelado.

Los países con más pobreza también padecen limitaciones en la educación, y por eso tienen poca mano de obra calificada. Una vez abiertas las fronteras, las oportunidades de trabajo en la región serían para los obreros, técnicos y profesionales más preparados, mientras los menos calificados quedarían en el sector informal o en sectores tradicionales con pocas plazas.

Queramos o no, la mano de obra calificada tendrá más demanda y recibirá mejores ingresos en una Centroamérica integrada; y la fuerza de trabajo sin calificación seguirá ganando igual o cada vez menos. El Estado puede ayudar, para que la caída de las fronteras golpee a menos ciudadanos y favorezca a más, si mejora y amplía la educación.  

Editorial
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