Mauricio Mendieta Herdocia*
A ocho meses de haber iniciado su período presidencial, la gestión administrativa de don Enrique y la dinámica propia del país, se ha visto comprometida por la falta de apoyo de una Asamblea legislativa, que si bien es cierto mayoritariamente está conformada por el partido que él representa, en la práctica no cuenta con los votos necesarios para una adecuada y fluida coordinación entre el Ejecutivo y el Legislativo, ya que la mayoría de los votos son controlados por el diputado Arnoldo Alemán, a quien los parlamentarios obedecen ciegamente.
Debido a la lucha contra la corrupción que el presidente Bolaños inició desde el día de su toma de posesión el 10 de enero, y a su confrontación directa con el diputado Alemán, la fracción parlamentaria del Partido Liberal se encuentra en una actitud saboteadora a su Administración.
Su confrontación con el diputado Alemán lo ha dejado huérfano del apoyo de las estructuras partidarias del liberalismo, lo cual hace que en este momento sea un presidente que gobierna sin el apoyo de un partido, lo que, obviamente, dificulta su gestión e incide negativamente y de forma importante en la dinámica normal del país.
Los sandinistas están jugando al papel de “buenos”, buscando, como es lógico, cómo sacar provecho de esa situación, llenando muy fácil y hábilmente todos los espacios políticos dejados por el PLC arnoldista, ya que tanto el Ejecutivo como el PLC afín al presidente Bolaños no han sido capaces de hacerlo por su incompetencia política manifiesta.
Alemán se encuentra comprando tiempo, pues considera que el mismo le podría ser beneficioso en la medida que su eventual desaforación no se produzca y logre con el tiempo un desgaste significativo del gobierno, pudiéndolo llevar a una acción administrativa deficiente, la cual en parte se traduciría en una falta de cumplimiento de las promesas electorales, logrando con ello, restarle prestigio y credibilidad a la Administración del presidente Bolaños, y de esta forma allanar el camino según él, a su eventual, aunque casi imposible candidatura en 2006.
Gobernar sin partido, pero haber ganado unas elecciones con el hito histórico mundial de un 6.5 por ciento de abstención y 1,228,412 votos (56.31 por ciento) a su favor, le dan al presidente Bolaños la gran fortaleza de un masivo apoyo popular. Su gran asamblea debe ser esa población que lo eligió; de tal manera que don Enrique debe convocar y movilizar al pueblo utilizándolo en el mejor de los sentidos, para ejercer las presiones que sean necesarias, para que tanto la Asamblea Legislativa como otros poderes del Estado aprueben las leyes que el país necesita y actúen de acuerdo con los más claros intereses nacionales, para avanzar en el desarrollo político, social y económico que el pueblo nicaragüense demanda.
* El autor es médico.