Luis Sánchez [email protected]
Con motivo de la Cumbre de la Tierra que se está celebrando en Johannesburgo, Juan Pablo II dijo que “Dios puso a los humanos en la Tierra para administrarla, cultivarla y cuidarla”.
Este concepto papal se inspira en la Biblia, según la cual, Dios creó el cielo y la Tierra, e hizo también al hombre y la mujer, y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la Tierra y sométanla. Manden a los peces del mar, a las aves del cielo y a cuanto animal viva en la Tierra… Yo les entrego, para que ustedes se alimenten, toda clase de hierbas, de semilla y de toda clase de árboles frutales…” (Gen. 1.28.29).
(En 1650, el arzobispo de Armagh, Irlanda, James Usher, aseguró que Dios hizo la Tierra el año 4000 antes de Cristo. De inmediato, su rival protestante, reverendo John Lighfoot, dijo que era cierto, y que la había creado exactamente el día 23 de octubre. Pero la Geología indica que la edad de la Tierra es de 4000 millones de años).
Según la mitología greco-romana un dios superior puso fin al caos y separó al Cielo (Éter) de la Tierra (Gea, o Gaia, cuyo equivalente romano era Tellus). Éstos se casaron y procrearon a Titán, Saturno y muchos otros hijos más. Pero el Cielo temía el poder, la inteligencia y la audacia de sus hijos, y los encerró en los calabozos. La madre Tierra, compadecida de los hijos, rompió sus cadenas y les dio armas para que lucharan contra su cruel padre. Entonces Saturno luchó contra el Cielo, lo dominó y se sentó en el trono del mundo.
Pero la historia se repitió: Saturno, para cumplir un pacto político con su hermano mayor, Titán, sobre la sucesión en el trono, devoraba a sus hijos varones apenas nacían. Hasta que su esposa, Cibeles, sustituyó al recién nacido Júpiter con una piedra, la envolvió en pañales y la entregó al padre parricida, quien la engulló sin darse cuenta del engaño. El bebé Júpiter fue ocultado en Creta, mientras que Titán, furioso contra su hermano Saturno, lo atacó y sometió a la esclavitud, condición miserable de la que fue liberado posteriormente por su hijo Júpiter. Sin embargo, éste tuvo que luchar después contra su padre, a quien venció, lo expulsó del cielo y se entronizó para siempre como soberano supremo del Olimpo.
Volviendo a la Tierra, ésta era concebida en la mitología greco-romana como el elemento sustancial del que nacieron las razas divinas y, en general, la vida. La Tierra es la productora de todo lo que existe y la fuerza nutricia que nunca se extingue.
Según hipótesis científicas (Mircea Eliade), la observación de cómo cada año se da la renovación del mundo vegetal, despertó ya en el hombre primitivo la idea de que la Tierra es la madre de todo lo que vive. “La imagen de la Madre-Tierra, preñada por toda suerte de embriones —dice la autora mencionada— ha precedido a la de la Naturaleza. Este simbolismo sexual y ginecológico (según el cual la Tierra se asimilaba al vientre de la madre, las minas a su matriz y los minerales a los embriones) es sumamente antiguo”.
Como sea, la Tierra es la casa común de todos los que vivimos en ella, y lo menos que podemos hacer es cuidarla para que siga siendo la madre nutricia y segura de nosotros y de quienes nos van sucediendo en nuestra vida pasajera en ella y gracias a ella.