Félix Navarrete
¿Se imagina usted a un helicóptero militar descendiendo sorpresivamente en los patios de la Hacienda Los Chiles, una madrugada de éstas, para capturar al ex presidente Arnoldo Alemán y llevarlo a Estados Unidos para ser enjuiciado por presunto lavado de dinero, bajo el pretexto que existen convenios internacionales que respaldan esta acción? Esta escena hollywoodense, que sólo me recuerda, cambiando los personajes y las circunstancias políticas, el famoso Noriegazo, de producirse sería condenable por no decir lamentable para la institucionalidad, ya que ni los Estados Unidos de Norteamérica tienen el derecho de decidir sobre la soberanía de ningún país, ni el Gobierno de Nicaragua ni la Asamblea Nacional deben permitir la violación de nuestra Constitución, solamente para encarcelar a un ex mandatario y hacerle un flaco favor al presidente Enrique Bolaños.
Digo esto porque en las últimas semanas he escuchado a muchas personas —algunas de ellas líderes políticos— que frecuentan los cócteles sociales, referirse con entusiasmo perverso a la posibilidad que Alemán salga de la palestra política a través de una intervención quirúrgica estadounidense. El argumento, verosímil pero poco convincente, es que al presidente Bolaños se le está terminando el plazo que le dieran la comunidad internacional y el Fondo Monetario Internacional para presentar un resultado satisfactorio de su lucha contra la corrupción que le sirva de garantía para el desembolso de dinero fresco.
Y una prueba de que esta lucha no ha sido estéril sería encarcelar a Alemán y sus allegados, y comenzar a recuperar el dinero que presuntamente robaron del erario. Es decir, los donantes le han dicho al mandatario, y con razón, que están cansados del circo, y que es hora de atrapar al pez grande. Ese pez grande que ha burlado el anzuelo de El Raizón, es Alemán. Pero en esta cacería infructuosa hay algunos pequeños inconvenientes: Alemán goza de inmunidad, no puede ser extraditado, tiene el respaldo de su partido, y el tiempo a su favor.
Sin embargo, han pasado siete meses, y la ciudadanía, adicta a los culebrones brasileños, ya no aguanta estas telenovelas criollas donde desfilan diariamente los mismos personajes, se escuchan condenas previas y se manipulan conceptos judiciales con fines políticos. La huaca virtual, presentada recientemente en Data Show en el Centro de Convenciones Olof Palme, es una síntesis de las pruebas de corrupción que la Procuraduría tiene en contra de Alemán, pero no tienen ningún efecto jurídico. Todo lo contrario, el destape de esa huaca ha puesto en jaque la institucionalidad del país, porque ahora resulta que de esta misma, presuntamente se financiaron las campañas electorales del presidente, vicepresidente y diputados electos del Partido Liberal Constitucionalista. Si se lograra comprobar, previa investigación de la Contraloría y sentencia judicial, que esta huaca fue alimentada con fondos estatales, y que de allí presuntamente salieron gastos para la campaña y hasta estipendios donde se beneficiaron actuales funcionarios del gobierno, incluyendo el mismo don Enrique, éste podría haberse enredado en su propia madeja, con consecuencias imprevisibles para la democracia y las instituciones políticas. Y como sobremesa, el único partido que ha salido fortalecido de esta lucha contra la corrupción, es el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que desde hace meses observa en palco y a distancia, sin sudar la camiseta, la destrucción del PLC.
Y mientras don Enrique sigue en su cacería contra una familia, la economía nacional se derrumba a pedacitos. Los economistas han comenzado a pronosticar malos augurios. Observamos un gabinete dedicado más a un papel de justiciero político que de servidor público. Mida usted el pulso: Lea diariamente los clasificados de los periódicos, o dése una vuelta por cualquiera de los centros comerciales, y se dará cuenta lo mal que andamos. El pueblo sigue respaldando la lucha contra la corrupción, pero resiente la pobreza, el hambre, el aumento de los precios de la canasta básica, y no percibe en don Enrique un liderazgo económico que nos lleve a salir gradualmente de la pobreza y el desempleo reinantes. Creo que es la hora que doña Lila, con un café negro y unas sabrosas rosquillas diriomeñas, le pida que abandone el Síndrome llamado Arnoldo Alemán, y comience a pensar un poquito más en los problemas cotidianos de Nicaragua.
El autor es vocero del Consejo Supremo Electoral.