El maletín de Otto Reich

Eduardo Enrí[email protected]

El lunes llega a Managua Otto Reich, subsecretario de Estado de los Estados Unidos para Asuntos del Hemisferio Occidental. Enemigo acérrimo de los sandinistas cuando trabajó para la administración del viejo Ron y de papá Bush.

Que venga alguien de ese rango a Nicaragua es como que a Israel llegue el general retirado Colin Powell, o sea el mismísimo Secretario de Estado de los Estados Unidos. O más aún, porque Powell llega a Israel cada vez y cuando, mientras que en el Departamento de Estado se acuerdan de nosotros a la muerte de un obispo.

Alguien de ese calibre —definitivamente “artillería pesada” para estos patios— no viene a pasear. Algo traer en su maletín.

Con solo el hecho de venir ya es una clara señal que los norteamericanos no están tomando a juego el caso de Arnoldo Alemán. Que todo lo que ha dicho el embajador Oliver Garza sobre Alemán y el lavado de dinero no son malacrianzas de él, sino que es una política de Estado y también, la visita quiere decir que vienen a meter sus narices tan directamente como sea necesario para que los sandinistas no se roben el show.

La administración Bush quiere deshacerse de Arnoldo Alemán porque es el mejor aliado del Frente Sandinista. Contrario a lo que el mismo Alemán piensa, nada sería más positivo para el FSLN que él se postulara como candidato a las elecciones del 2006. Ahí sí, estoy seguro, que hasta Daniel Ortega le gana.

Pero la idea no es pasar de las llamas a las brasas. La gente de Bush ya vio que al presidente Bolaños lo tienen atado de pies y manos. Que la red de corrupción en las instituciones es tan fuerte y tan amplia que a Enrique Bolaños se le está haciendo difícil sacar ventaja sólo con moralismo y buena intención. Eso, contrario a lo que sucede en las películas, no es suficiente para ganarle a “los malos”.

Y mientras esta guerra no se acabe, y mientras Bolaños siga siendo rehén, y mientras la atención de todo el mundo esté fijada en esta batalla, más se desgasta Bolaños, más tiempo pasa y más protagonismo tienen los sandinistas, más comprometido queda el Presidente con ellos. Y más nerviosos se ponen los norteamericanos.

Así que Reich viene a resolver lo que Bolaños no ha podido. Viene a golpearle la mesa a esos 10 diputados liberales que no están tan comprometidos con la corrupción de Alemán —y que todavía no se deciden a cruzarse a la bancada Azul y Blanco— para que entiendan que van a perder más quedándose al lado del ex mandatario, que dándole la espalda.

Sin embargo, una vez que Alemán haya desaparecido, a los nicaragüenses nos queda todavía un gran desastre, un país en quiebra, instituciones débiles y una economía en recesión.

Y para colmo, el FMI le exige a este gobierno el aval de una Asamblea controlada por Alemán para poner en marcha un plan de ajuste.

Reich debe entonces traer en su maletín el reconocimiento de la administración Bush a la fuerte batalla que aquí se ha presentado a la corrupción. Y eso, no debe ser otra cosa que el compromiso inmediato de inyectar recursos económicos frescos a esta economía. En otras palabras, Mr. Reich, put your money where your mouth is.  

Editorial
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