La magia de las matemáticas en la infancia política

René Herrera Zúniga

Quisiera hacer un comentario sonriente de los hechos políticos que estamos viviendo. El Editorial del Diario LA PRENSA, del día 21 de agosto del 2002, pretende hacernos creer que los ciudadanos diputados podemos ser creyentes de sus recetas de farmacia política. Crearon con sus titulares y noticias un escenario lleno de odio, propio a sus intereses, y de pronto se asustan de las consecuencias, tratando de pasarnos la responsabilidad a los lectores, diputados en este caso.

¿En qué cabeza cabía pensar que los sandinistas darían sus 38 votos para desaforar a Alemán simplemente por el gusto de jugar a las matemáticas elementales? ¿O es que los ilustres editorialistas son tan ingenuos como los gestores de la estrategia del Poder Ejecutivo, que los partidos políticos mayoritarios no saben conducir su estrategia política y su auténtico control de las calles? Los medios creyeron que los partidos se prestarían burdamente, para no decirlo tontamente, a seguir aceptando que los medios, inventando “las conciencias nacionales” pusieran la agenda nacional.

En la notable falta de imaginación y visión de futuro que cunde alrededor del tema de la corrupción, hay repentinamente un despertar de algunas fuentes de opinión nacional e internacional que reconocen, en un principio de manera callada, que no vale la pena arriesgar todo un proceso democrático siempre precario, por satisfacer un ansia de venganza política en contra de un líder político que, pese a todo lo que se diga, ha sido uno de los gestores de estabilidad política nacional.

El período de doña Violeta fue difícil y complicado en esa gestión. No lo fue menos el del período de Alemán. Mas nunca escuché a Alemán decir que doña Violeta, con su más alta popularidad, no le dejaba gobernar. Y arrancó rápido un proceso de construcción que le haría ver hacia adelante, sin espejo retrovisor a pesar que había mucho que empañaba ese espejo.

Que vengan ahora los medios a decir que el mérito de la destrucción del liderazgo liberal, si es que llegara a darse, no debe atribuirse al sandinismo, luego que infantilmente le han pedido que pongan sus 38 votos, mientras ellos arañan a las matemáticas para conseguir 9 votos, parece una broma del mismo tamaño del circo que montaron para incitar el odio en contra de Arnoldo Alemán y el liberalismo.

Los sandinistas no son tontos ni son locos. Y los liberales sabemos que no lo son. Y nosotros tampoco lo somos. Quizá ahora lo entienden. Pues tratamos de explicar en varias ocasiones que la política la hacen y deben hacerla quienes han podido construir partidos de mayoría y que son esos partidos quienes tienen la obligación de compatibilizar los intereses generales de sus votantes. El único camino que enseña la historia de la democracia es la negociación y la búsqueda del consenso.

Pregunto: ¿qué puede ganar un partido de mayoría insuficiente en destruir un liderazgo de mayoría también insuficiente, si a la vista son ellos los que luego serían destruidos? ¿Para qué poner 38 votos que sumados a 9 hacen 47, si los adversarios tiene luego 54 para destruirlos a ellos? Por favor.

Creo por eso que hay que hacer un comentario sonriente frente a los hechos provocados por quienes faltos de sensibilidad lanzaron, embrocaron, engancharon o simplemente mintieron al gobernante, y ahora se asustan de las probables consecuencias de su “estrategia”.

El autor es diputado liberal.  

Editorial
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