Ignacio Briones Torres
Desde el pasado 9 de julio en que el actual gobierno de nuestro país dispuso otorgar licitaciones para la exploración y explotación de hidrocarburos en aguas jurisdiccionales nicaragüenses, disposición en la que según el canciller Norman Caldera “Nicaragua no dará un paso atrás por tratarse de un asunto de soberanía (LA PRENSA – agosto 11, 2002), es evidente que Colombia ha venido desarrollando una tenaz campaña a favor de sus supuestos derechos en la zona caribe nicaragüense, que según Bogotá y Tegucigalpa “no pertenecen a Nicaragua”.
Como es del conocimiento general, el 2 de agosto de 1986, don Carlos López Contreras, mismo de RR.EE. de Honduras, y su homólogo colombiano don Augusto Ramírez Ocampo, suscribieron un tratado sobre delimitación marítima entre ambas repúblicas, que en esencia cercena a Nicaragua 130 mil kilómetros de nuestro mar territorial. Cien mil en favor de Colombia y 30 mil para Honduras.
En la toma de posesión del nuevo presidente colombiano, Álvaro Uribe, don Ricardo Maduro advirtió que “hará respetar el Tratado López-Ramírez, a propósito de la pretensión de Nicaragua de explorar petróleo en una zona del Mar Caribe en disputa”. Este tratado, según Maduro, obedece a “una posición sólida legal”, agregando que en La Haya “su país hará respetar este Tratado”. Esta posición fue ratificada el recién pasado once por el ministro de Minas y Energía colombiano Luis Ernesto Mejía. Éste, a su vez, recalcó: “Los derechos sobre las áreas marinas y submarinas que corresponden a Colombia sobre San Andrés, Providencia y Santa Catalina, son claros e irrefutables. Ese es nuestro territorio, y si hay perspectiva petrolera las vamos a utilizar”.
Hace menos de dos meses, el ingeniero Bolaños luego de entrevistarse con su colega hondureño, trajo la noticia de haber llegado a un entendimiento con Maduro respecto a diferendos entre nuestros dos países. Lamentablemente don Enrique omitió, y ningún periodista le preguntó, si el entendimiento incluía el tema de la zona en el Mar Caribe.
Las declaraciones de Maduro dan a entender que este tema quedó excluido, lo que induce a preguntarse por qué, teniendo tanta importancia especialmente para Nicaragua.
Las pretensiones colombianas en el Mar Caribe nicaragüense conforman una larga historia que se remonta a 1823. Difícil de resumirla en un breve artículo periodístico. No obstante, quienes se interesen en conocerla pueden hacerlo en los libros que con admirable acuciosidad y patriotismo escribió el Dr. Luis Pasos Argüello: “Los conflictos territoriales de Nicaragua” y “Enclave colonialista en Nicaragua”, entre otros publicados en 1978. Y en los que en fechas más recientes han escrito y publicado los doctores Augusto Zamora Rodríguez y Manuel Madriz Fornos. En todos y cada uno de estos libros se demuestra que geográfica, histórica y jurídicamente las áreas marítimas que Colombia y Honduras están calificando ahora “zonas en disputa”, han pertenecido siempre y pertenecen en el presente a Nicaragua.
En uno de sus libros, el Dr. Pasos advierte que los recursos de la superficie de la Tierra tienden a acabarse, “o al menos a ser insuficientes”. En consecuencia, augura que el siglo XXI será la etapa de los mares y del desarrollo en todas sus abundancias”. Los fondos oceánicos están pletóricos de riquezas no referidas solamente al petróleo y el gas natural sino también a los “maravillosos prodigios de la fauna y la flora marinas”.
Aparte y además de la conjunta pretensión Bogotá-Tegucigalpa en el Caribe nicaragüense, tenemos noticias fidedignas de que Honduras contempla la posibilidad de aprovechar el diferendo que actualmente se ventila en La Haya para tratar de hacerse de una parte considerable en el Golfo de Fonseca, en donde actualmente sólo dispone de un pequeño corredor para salir al Pacífico. De lograrlo, ofrecería su bandera a barcos de otros países destinados a la pesca en gran escala de la larva del camarón que le produciría, en principio, 150 millones de dólares anuales.
Ignoramos si nuestras autoridades tienen conocimiento de este otro propósito del vecino país. Conforme a nuestras noticias, tanto los colombianos como las autoridades hondureñas ya han considerado que la actual situación existente en Nicaragua les es propicia, como lo fueron en el pasado situaciones similares cuando obtuvieron el dominio del Territorio en Litigio, que el Dr. Pasos Argüello explicó en todos sus detalles en el artículo “El Fallo de la Corte de La Haya contra Nicaragua”, publicado en agosto de 1960 en la edición número 5 de la Revista Conservadora.
El autor es periodista.