Las “cosas pequeñas”

Marco A. Valle Martí[email protected]

Las “pequeñas cosas” forman parte de la calidad de vida. Los parques, campos deportivos, bandas de música, limpieza de ciudades, transporte colectivo aseado y seguro, iluminación de calles, áreas verdes, son ejemplos de pequeñas cosas. También son las mañanas de domingo cultural en el parque del lugar, los juegos para niños, el mantenimiento de sitios turísticos, los predios limpios y, las ligas y campeonatos deportivos barriales o comarcales.

Las pequeñas cosas integran la vida de países con altos índices de desarrollo humano, entre otras cuestiones, la limpieza reinante; los parques y su ornato y verdor; las opciones culturales gratuitas en los barrios y bosques; la puntualidad; el bullicio de los niños y jóvenes jugando y fregando; las parejas y familias paseando; los buses y trenes limpios y ordenados; las calles y avenidas agradables, pintadas y señalizadas; la familia de pic nic un día de asueto, así como los trabajadores haciendo deporte en las horas de almuerzo.

En Nicaragua nos falta mucho para llegar a tener un buen menú de pequeñas cosas que impactarían positivamente en la población, contribuirían a su salud mental, lo mismo que al aprovechamiento de sus ratos de esparcimiento, rendimiento en su trabajo, rescate de un mayor espíritu comunitario y, fortalecimiento de la seguridad ciudadana.

Los parques que pueden convertirse en uno de los sitios preferidos de los lugareños, casi nunca ofrecen platos culturales (música, cuentos de camino, narraciones de tradiciones y costumbres, payasos, chistes, etc.) que serían del agrado de las familias, además que fomentarían el turismo interno e internacional. Por su lado, los jóvenes tienen que jugar en predios montosos o “hacerse” de un lote privado para allí rozar y jugar beis, basquet, platicar, y oír música, ya que son escasos los campos deportivos, y los que hacen al poco tiempo están sucios, arruinados e inutilizables. Igualmente sucede con el ornato de ciertas ciudades y pueblos, donde chocan a la vista y ánimo de la gente los montones de basura, árboles caídos, y el monte que crece convirtiéndose en una amenaza a la seguridad de las personas, pues en muchos casos son escondites de ladrones.

Los sitios turísticos, por su lado, no siempre responden a las expectativas del visitante nicaragüense o extranjero, puesto que escasamente se “ve” el destino de lo que cobran, por ejemplo, el Mirador de Catarina estando en una tierra de viveros, aunque ha mejorado, todavía le falta limpiar más tanto el parqueo como los sitios para comer y beber; también está descuidada la grama del propio mirador. El centro turístico en Granada (frente al Lago) igualmente cobra, empero los matorrales, basura, zancudos y jejenes acribillan a quienes se atreven a comer al aire libre; mientras el Salto de la Estanzuela —al decir de algunos estelianos— se ha convertido en un lugar de maleantes, y los balnearios como Masachapa, Pochomil y La Boquita, aun con las últimas campañas de limpieza, son un atentado por los miles de vidrios, latas vacías y basura en sus costas.

No olvidemos que las “pequeñas cosas” son las “grandes” cosas de la mayoría de la población, y constituyen parte de la democracia, equidad, vida cotidiana y desarrollo humano. En fin, las “pequeñas” cosas también hacen la diferencia entre países, si no, pensemos y comparemos.

El autor es consultor en seguridad ciudadana.  

Editorial
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