- Promueven consumo de alimentos libres de agroquímicos pensando en mejores precios, pues será directamente del productor al consumidor
- Productor asegura que un bróculi en finca vale cuatro córdobas y en un supermercado puede cotizarse hasta en 20
Roberto Orozco B. [email protected]
Javier Baldovinos es uno de los productores de hortalizas orgánicas que intentan establecer un tipo distinto de relación económica en Nicaragua. “Tratamos de romper el esquema”, dice seguro de que la venta directa entre el que produce y el que consume beneficiará a estos extremos del comercio agrícola.
La idea es independizarse de los intermediarios, quienes compran los productos elaborados orgánicamente por numerosos agricultores y, luego, los venden a las comercializadoras que ofrecen, al final, otro precio que sufrió incrementos en perjuicio del consumidor.
Ese es el esquema que experimentan productores aglutinados por la Liga de Cooperativas de los Estados Unidos (Clusa, por sus siglas en inglés) de Nicaragua que, según Carlos Sánchez Pérez, su director, vendrá a desarrollar socioeconómicamente al sector agropecuario del país, fundamentalmente en relación a la agricultura orgánica.
Recientemente Clusa de Nicaragua organizó un seminario para unos 70 productores para capacitarlos en técnicas orgánicas de producción. La mayoría de ellos, como Baldovinos, ya tienen experiencia en este tipo de producción. Muchos cultivan actualmente café orgánico y hortalizas: lechugas de distintas especies, zanahorias, bróculi, espinacas y otras.
“Les estamos dando capacitación en técnicas para el desarrollo de cultivos orgánicos. Esto con perspectiva de sustituir las importaciones de hortalizas que provienen de Guatemala y Costa Rica”, dijo Sánchez.
Durante el seminario, Jairo Restrepo, instructor de origen colombiano, les habló a los productores de su experiencia en Colombia, donde algunos agricultores venden directamente sus productos a los consumidores. “Cada productor tiene su unidad específica de consumo, la que puede ser un vecindario”, aseguró.
Baldovinos, de la finca Santa Enriqueta, en Jinotega, no tiene mucho de haber cambiado su técnica de cultivo de hortaliza, de una producción con productos químicos, pasó a producir orgánicamente.
Usa el lombricultivo, con la lombriz californiana y abono “Bocashi”, cuyos ingredientes no son más que estiércol seco o gallinaza, cascarilla de arroz o café, tierra negra, carbón, levadura, melaza y agua, entre otros. Este abono es producido por los niños huérfanos de la Casa Bernabé, en Carretera a Masaya.
Produce bróculi, coliflor, lechuga romana y cebollines, entre otras hortalizas. Según dice, no le va mal en el mercado. Abastece directamente a “Small Farmer”, ubicada en Carretera Sur, y a restaurantes capitalinos.
“En los mercados uno pierde mucha plata”, dice Baldovinos. “Por ejemplo, un bróculi en finca cuesta 4 córdobas y en los supermercados llega a valer hasta 20 córdobas. Ahí pierde el productor y pierde el consumidor, porque si el producto lo lleva el productor directamente al consumidor, puede venderse a menor precio que en estos centros de compra y se benefician ambos”, agregó Baldovinos.
DEL PRODUCTOR AL CONSUMIDOR
“Small Farmer” es la tienda donde directamente vende el productor a los consumidores. Ésta abastece a la Embajada de los Estados Unidos, sede de la ONU, AID y a la Universidad Centroamericana (UCA). Localmente, a los residentes de la Carretera Sur, entre ellos, muchos diplomáticos.
¿Qué venden? Vegetales, lechuga, cebollines, espinaca, perejil, zanahoria “baby”, quequisque, abono orgánico “Bocashi”, sandías, café orgánico, flor de Jamaica, malanga, yuca, chayas, limones, arroz y frijol orgánico, entre otros productos, fundamentalmente los miércoles.
Esta tienda también abastece a restaurantes como El Eskimo, Montevista, Mongolia y Hotel Montelimar.
El mercado continúa ampliándose dentro de esta experimentación de venta de productos orgánicos.