Para la seguridad ciudadana, ¿sólo la ley?

Gustavo Tablada Zelaya

A todos nos inquieta el hecho que en la actualidad en la sociedad nicaragüense exista una serie de factores que deterioran la seguridad ciudadana y en consecuencia afectan intereses fundamentales a nivel individual, familiar y social.

Lamentablemente estos factores no solamente afectan la seguridad física de las personas y sus bienes, sino que indirectamente contribuyen a alimentar muchos temores e incertidumbres y terminan por incidir negativamente en su calidad de vida, ya de por sí deteriorada por la gravedad casi crónica de la crisis económica que hemos vivido en los últimos años.

Esta situación ha motivado que oportunamente se hayan llevado a cabo diferentes seminarios e investigaciones buscando cómo incidir en todo lo referente a los factores causales que han ocasionado la fragilidad de la seguridad ciudadana en el momento actual.

Coincido con que el abordaje de tan serio problema es oportuno y necesario. Sin embargo, debe escudriñarse a plenitud y en forma integral para que las conclusiones a las que se lleguen y las medidas a tomar en su momento, contribuyan de manera efectiva a la solución de una parte de los problemas que la sociedad nicaragüense padece en el momento actual.

Cotidianamente los diferentes medios de comunicación social nos informan acerca de violaciones, suicidios, violencia callejera, violencia familiar y otros actos de diferente naturaleza que se presentan en el seno de nuestra sociedad.

Y desde el ángulo como se les quiera ver, cualquiera de ellos tiene que ver con el grado de deterioro de la seguridad ciudadana que en Nicaragua prevalece en el momento actual y lo más importante es que detrás de cualquiera de ellos nos encontramos con que la salud mental presenta un franco deterioro.

Sin embargo, al momento de opinar públicamente por los diferentes medios de comunicación y en el contenido de resoluciones que se toman tanto en talleres como en seminarios alusivos sobre el particular y relacionados con posibles medidas para contrarrestarlos, únicamente se hace mención del endurecimiento de las leyes y la aplicación de medidas fuertes contra los que delinquen.

No es mucho el esfuerzo que se hace para centrar únicamente la atención en las medidas coercitivas, punitivas y se pasa por alto el hecho que para que dichas medidas sean debidamente aplicadas y poder esperar de ellas los resultados ansiados, se hace necesaria la educación del individuo, la formación del ciudadano, es decir, la labor eficiente y eficaz preventiva.

Es aquí precisamente donde juega un papel relevante la salud mental, y ésta está llamada a ser un acompañante permanente nuestro y de nuestro desarrollo social, porque al fin y al cabo cualquier paso que el ser humano ejecute, desde su formación en el vientre de su madre hasta su muerte, está en relación estrecha y permanente con la salud mental. Esto, sin lugar a dudas, garantizaría un estado de salud pleno e integral para el individuo y se reflejaría positivamente para la familia y la comunidad.

Entiendo que si hasta el momento esta importante arista del asunto no ha sido tomada en cuenta, no obedece a querer premeditadamente abordar tan serios fenómenos de una manera parcial. Sino que el problema principal reside en el poco conocimiento que acerca de la salud mental y su importancia tenemos, debido entre otras cosas a su poca difusión, y esto nos impide establecer los estrechos vínculos que de hecho existen entre las diferentes patologías de orden psicosocial con otras variables existentes dentro de nuestra realidad económica-social.

Nuestra realidad nos impele a no ser solamente oportunos, sino que eficientes y eficaces tanto en el análisis como en las conclusiones, y, lo que es mejor, en las acciones correctivas a aplicar.

El autor es médico psiquiatra.  

Editorial
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