Enrique Padilla Santos
Cuando hablamos de globalización lo primero que vislumbramos es la figura de un globo, y globalizar es ir formando un globo que tiene un límite hasta que se revienta, eso depende del material con que esté hecho. Es así que hoy la moda es globalizar todo.
Cuando un negocio es malo, saliéndose de él se convierte en bueno. Si el negocio de la electricidad es malo para el gobierno, vendámoslo y ese se convertirá en un buen negocio.
Si el negocio de las telecomunicaciones es malo para el gobierno, pues vendámoslo también.
El agua, a la que llamamos el oro azul, si no lo sabemos manejar, ¡vendámoslo!
Estos bienes que son la gran herencia de nuestros antepasados y que el consejo que nos daban era: “lo importante no es tenerlos, sino mantenerlos”, si no podemos mantenerlos lo mejor es venderlos antes de que los perdamos por mal manejo.
Enormes capitales se han perdido por ineptos:
Lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta. ¿Estos tres bienes que el gobierno ya los tiene cocinados han sido bien vendidos? ¿Quiénes son los que han salido ganando?
Con el agua parece que todavía no está cocinada, pero ya está en sancocho, como decimos cuando estamos en el primer estado de cocinar.
¿Estamos nosotros los nicaragüenses, que somos los dueños de esos bienes, completamente claros de por qué vendimos y cuánto salimos ganando? ¿Si el negocio era malo, saliéndose de él se convirtió en bueno? Si es así, ¿cuánto nos quedó?
Por lo que vemos todos los días en los periódicos creo que ya nos quedamos sin las casas y sin las haciendas que nos heredaron nuestros padres, y el gran negocio lo hicieron aquellos en los que confiamos que lo iban a hacer bien, y que hoy están acusados de haber hecho un mal negocio con lo que no era de ellos y tienen que responder ante los tribunales, porque nos dejaron oliendo el dedo, como se dice popularmente. Si antes éramos ricos, hoy públicamente hemos tenido que pedir cacao y decirles a las naciones ricas que se apiaden de nosotros, sin embargo, estos prestamistas ya saben que cada vez tenemos menos con qué responderles.
Pero, eso sí, nos montamos en el tren de la globalización, hasta que se reviente el globo.