Edgardo Jiménez López [email protected]
Esta palabra estuvo de moda en el gobierno anterior, pues se presume que el Dr. Alemán compraba amistad, lealtad y conciencia de los servidores públicos, con el dinero del pueblo.
Lógicamente esto es corrupción de parte de quien los otorga, porque es con dinero ajeno, pero no para el que lo recibe, máxime si ha sido una práctica de los gobiernos anteriores.
El Dr. Alemán y sus allegados quieren empañar la imagen del presidente Bolaños, diciendo que él recibía una cantidad mensualmente para la Vicepresidencia. Don Enrique sabrá dar cuenta hasta del último centavo de esa cantidad.
Por otro lado, el Dr. Alemán tendrá que dar cuenta del dinero que salió de las arcas del Estado, del que era responsable, hacia la cuenta de la Fundación Democrática Nicaragüense, que manejaba a su gusto.
Si el Dr. Alemán cree que no es culpable de ese delito, que se despoje voluntariamente de su inmunidad y vaya a los juzgados a aclarar la situación. Si no confía en la justicia nicaragüense, que pida observadores internacionales en el juicio para que se sienta tranquilo.
El presidente Bolaños no debe buscar la desaforación del Dr. Alemán, sino que debe enviar una propuesta de ley a la Asamblea, para que todos los funcionarios del gobierno, desde el presidente para abajo, incluyendo a los diputados, no tengan inmunidad absoluta, sino la que les corresponda por el cargo que ocupan.
Recordemos que esta maligna inmunidad, diabólicamente decretada por la Asamblea Nacional, pone por encima de la ley a todos ellos, pues ya hemos visto a los que se hacen millonarios de la noche a la mañana, a otros que secuestran la propia Asamblea y ponen en peligro la vida de los demás a punta de pistola, además de ser bígamos y falsificar identidad. Otro vuela balazos en un sector repleto de gente en estado de ebriedad, y ninguno ha sido castigado por la famosa inmunidad.