Fernando M. Malespín Ferreti
Los políticos han llevado a Nicaragua a extremos vergonzosos y dolorosos. Dos caciques modernos, con la complicidad de oportunistas ambiciosos, han ensangrentado y saqueado al país.
Cinco millones de nicaragüenses están secuestrados y muchos viven en la mayor pobreza, pero no es hora de lamentaciones sino de soluciones concretas.
Es innegable la falta de liderazgo en todos los niveles para defender los derechos de los nicaragüenses.
Los venezolanos encontraron la solución en las calles, aunque con sacrificio de vidas humanas. La empresa privada, los políticos, la sociedad civil y los sindicatos, unidos en un solo bloque, tienen en jaque al dictador.
Mientras en Nicaragua el movimiento sindical está en manos del FSLN y la empresa privada, que fue beligerante en política, ahora está adormecida regateando derechos a los trabajadores.
Hay una inmensa mayoría que permanece en una silenciosa espera, a la expectativa de los acontecimientos y es la que sufre la congelación de los salarios, el desempleo y las alzas desmedidas de los servicios y de los productos básicos.
El Dr. René Herrera Zúniga, secretario nacional del PLC, expresó que si no hay arreglo con el gobierno, el país se hunde. Dice esto porque con el FSLN dominan el país políticamente, pero no cuantitativamente, lo que hace la diferencia que les es adversa.
El país se hundiría si continúa la corrupción. Combatirla es promesa sagrada del Presidente de la República, y un derecho del pueblo es recuperar todo lo robado.
El arreglo político debe darse, para no sacrificar más al pueblo, mediante una agenda previa. ¿Quiénes serían los actores? Los dos pactistas Alemán y Ortega, por un lado y por el otro, don Enrique acompañado del cardenal Miguel Obando y Bravo, como testigo o garante de lo acordado transparentemente.