- El próximo 24 de agosto Niquinohomo estará de “manteles largos” al celebrar cuarenta años de haber obtenido el rango de ciudad. Acerca de esa efeméride conversamos en esta ocasión con cinco veteranos de
esa “urbe”, los dones, Guillermo Tapia Pérez, Orión Zambrana Tapia, Jorge Gallegos Bravo, Carlos Sotelo Potosme y Moisés Romero Norori
Mario Fulvio Espinosa/Especial para LA PRENSA [email protected]
Respira muy hondo don Guillermo Tapia Pérez para ser elocuente. Él, un hombre alto, fuerte y de amplio pecho necesita aire vital para dejar escapar frases hermosas que describan a su pueblo.
“Porque esta ciudad es de una belleza especial y porque está rodeada de cafetos en flor, yo llamo a Niquinohomo “Perla gris entre Esmeraldas”, aunque ese nombre en referencia chorotega significa “Valle de los guerreros” que formaba parte de la “Namotiva”, que, entre otras cosas hermosas y fraternas significa “Pueblos vecinos” o mejor… “Pueblos amigos”.
En torno a un escritorio que hace las veces de mesa de amigos, allá en la cuna del General de Hombres Libres, y frente a nuestros respectivos vasos de naranjada, departimos animados con cinco legendarios niquinohomeños que poseen mucha vida y vivencias, don Guillermo (el ya presentado), y los respetables, Orión Zambrana Tapia, don Jorge Gallegos Bravo —Alcalde de Niquinohomo—, don Carlos Sotelo Potosme y don Moisés Romero Norori, todos ansiosos de hacer la alabanza de esta población que el 24 de agosto próximo cumplirá 40 años de haber obtenido el rango de ciudad.
“Esta comunidad tiene 31 kilómetros cuadrados con una población de 17 mil habitantes”, explica el profesor Tapia Pérez. “Limita con Masaya, Nandasmo, Diriomo, San Juan de Oriente y Jinotepe. Entre sus comarcas figuran, La Curva, Santa Rita, Los Pocitos, Hojas Chigüe, El Corozo, Los Huérfanos, Guapinol, Tierra Blanca y otras.
“En la época precolombina estas tierras fueron una región de tránsito de tribus que venían del sur hacia el norte, como los chibchas, talamancas, guatusos, y de otras que procedentes del norte pasaron hacia el sur, como los aztecas, zutuhiles y caribes.
“Poco antes de la llegada de los españoles en este lugar existía un gran número de rancherías dispersas que, poco a poco, se fueron juntando a la vera del camino que conduce del Trianón a Catarina. Cuando llegaron los españoles la región estaba muy poblada por indígenas belicosos e indomables, de ahí que Niquinohomo signifique en chorotega “Valle de los Guerreros”. Estos indígenas fueron aliados de Diriangén cuando éste logró la expulsión de Gil González Dávila, y junto con los caciques Nequecheri, de Granada, y Diriangén de Diriamba, pusieron tenaz oposición al conquistador Pedrarias Dávila.
LA VISITA DE MOREL DE SANTA CRUZ
“Cuando en 1751 pasó por aquí el obispo Agustín Morel de Santa Cruz, habían 334 casas de paja y de tejas, para ese año ya se estaba construyendo el templo que es uno de los más largos de Nicaragua, frente a esa iglesia —dice el Obispo— había una plaza donde se corrían toros. En tiempos de don Félix Pedro Zelaya se construyó el parque, siendo en ese entonces alcalde don Anastasio Ortiz.
“Como en toda Nicaragua, la Iglesia Católica tenía un poder decisivo en los aspectos políticos, económicos y sociales de Niquinohomo, dominaba la educación, los ritos, la propiedad, la historia y los mitos. Por ejemplo, en el único cementerio que había y que quedaba al suroeste de la ciudad, estaba prohibido enterrar personas que no estuvieran al día en sus cuentas con la Iglesia, que no fueran casados, bautizados, eso incluía a los ateos, suicidas, réprobos y herejes, calificados así por la misma Iglesia, toda esa “escoria” se enterraba a la orilla de los caminos.
“El gobierno del general José Santos Zelaya al secularizar los cementerios terminó con esa discriminación, y, además, estableció el divorcio. Se dice que eso indignó a muchos fieles cristianos niquinohomeños que se convirtieron en opositores al régimen liberal de 1893.
“Entre las cosas nefastas ocurridas aquí debo mencionar la peste del cólera morbus que en 1856 diezmó considerablemente la población de Niquinohomo, de manera tal que los muertos se iban a enterrar por carretadas”.
NIQUINOHOMO EN 1884
Toma la palabra el doctor José Orión Zambrana Tapia, “nacido en Corinto —advierte—, pero radicado en Niquinohomo desde hace muchos años”.
“Para el 20 de febrero de 1884 este pueblo poseía 126 caballerías, según constancia brindada por el juez de Granada, Crisógono Mena. Cada caballería era equivalente a 65 manzanas, aunque algunos longevos de aquí decían que cien, o sea “hasta donde llegaba un caballo y moría de sed o de cansancio”. Si usted multiplica 126 por 65 le da 8,190 manzanas, que era el área de Niquinohomo con sus comarcas. Sus linderos eran hacia el lado del oriente los terrenos de Santa Catarina y San Juan del Diriá, al poniente con Nandasmo y Masatepe, al norte con terrenos baldíos de la Laguna de Masaya y al sur con tierras de la finca El Rosario.
“Según los documentos que tengo, estos terrenos fueron medidos por el agrimensor niquinohomeño don Rosa Castrillo, quien además era topógrafo y abogado. De esas medidas nace Niquinohomo, porque se decía que pertenecía a Granada. Yo no sé cuándo se desligó de Granada para ser parte del departamento de Masaya.
“Cuento lo anterior porque ya no tenemos las 126 caballerías, sino que hemos ido perdiendo terreno, nos han ido estrechando, y según creo, nosotros llegábamos hasta Jinotepe. Hay que reclamar nuestro derecho” (dice con énfasis el doctor Zambrana).
Ya vamos por el segundo vaso de naranjada y le toca intervenir a don Jorge Gallegos, el actual alcalde de la flamante ciudad.
“La iniciativa por convertir en ciudad a Niquinohomo la debemos a un leonés, el doctor Agapito Fernández, que era abogado y miembro del Congreso. En ese tiempo gobernaba el ingeniero Luis Somoza Debayle, quien aprobó el proyecto y declaró ciudad a Niquinohomo el 24 de agosto de 1962, conste que algunas décadas atrás este municipio había sido bautizado con el nombre de “Villa de la Victoria”.
“Eso fue —salta el profesor Tapia Pérez—, porque en tiempos del gobierno de don Fernando Guzmán ocurrieron en este municipio unos combates entre liberales y conservadores, ganaron los conservadores, y por esa razón a Niquinohomo le encajaron Villa de la Victoria, recuerdo que todavía vi telegramas que llegaban con esa dirección”.
LAS COSAS Y COSTUMBRES DE AQUELLOS TIEMPOS
“La gente de ese tiempo, dice don Carlos Sotelo, me contaba que en Niquinohomo había muchas mujeres que se dedicaban al comercio de la manera más honrada posible. Pero no usaban cartera. Metían sus billetes en un motetito muy amarradito que se sacaban del buche, otras aseguraban el mo tetito con una gacilla en la parte interior de la blusa.
DE CUANDO ERA UN ORGULLO SER HONRADO
“Niquinohomo fue emporio en la producción de maíz, frijol, café, yuca, verduras y frutas. De aquí salían para Managua los trenes cargados de productos que allá vendían nuestras mujeres. En esos tiempos todos los acuerdos eran verbales y se cumplían mejor que los que estaban por escrito, la palabra era sagrada, y todos estaban orgullosos de ser honrados a carta cabal.
“Yo tuve una tía que se llamó Mercedes Lino Sotelo, tenía una propiedad por esos lados de Pío XII donde había vacas que ordeñaban todos los días. De ahí salían las grandes pichingas de leche. También estaba a su servicio una señora ya vieja, descalza y con las uñas de los pies echadas hacia atrás, andaba toda chapineca y le decían la “Carmen Chapina”, pues mi tía tenía la confianza de dejar su negocio en manos de la Carmen, y ésta ponía a sus hijos a ordeñar las vacas y nunca hubo una mala letra.
“En esos tiempos no venían carros a Niquinohomo, sólo carretas y caballos. La luz se hacía con candiles de gas o ramas de ocote, pero ya muy temprano de la noche, a las siete, la gente estaba recogida porque, también eran buenas para levantarse al alba para ir a trabajar.
“Por la mañana se comía pan enjalbegado de mantequilla amarilla, y los grandes pocillos de leche con café. Otros preferían el gallo pinto, frito, chicharrones, y como fresco el pinol o el pozol con leche”. Había suficiente carne de res y de cerdo, también se comía venado y chancho de monte”.
PUNTO DE REUNION DE PUEBLOS INDÍGENAS
Interviene don Moisés Romero Norori, el costumbrista del grupo, para evocar el tiempo en que Niquinohomo era el punto de reunión de los pueblos indígenas cercanos.
“Aquí en esta región de Niquinohomo —según la tradición—, se reunían alrededor de quince mil indios a celebrar las fiestas de determinados dioses. Éste era el núcleo de los “Pueblos Brujos”, y aquí se convocaban también los caciques llamados “Cabezones”.
“Viendo este estado de cosas, que consideraba paganismo, la Iglesia conquistadora puso énfasis en combatir con métodos de guerra y también ideológicos, a los indios que se rebelaban contra los españoles. Nuestros antepasados no se dejaron intimidar ni permitieron mezclarse con los blancos, por eso es que usted ve que buena parte de nuestra población es indígena pura, junto con San Juan de Oriente.
“Con el tiempo fueron calando las prédicas religiosas, pero los indios preservaron sus propias demostraciones culturales, como el Güegüense, que según Alberto Icaza fue escrito por un cura franciscano que, sin pretender lanzar al indio a la rebeldía, lo fue sacando de su letargo para que se diera cuenta de la corrupción que protagonizaban los insulares.
“Debo decir que aquí existe un grupo de artistas que en tiempos de Somoza Debayle, fue a representar a Nicaragua en Caracas, Venezuela, en la Cuarta Sesión Mundial de Teatro de las Naciones, en la que participaron treinta países. Allí se presentaron tres obras de arte precolombino y colonial que son de gran valor: el “Rabinal Achi” de Guatemala, otra del Perú y el Güegüense de Nicaragua, que fue el más aplaudido.
“Con orgullo consigno que nuestro grupo ya se ha presentado en el Teatro Rubén Darío, que ha montado obras notables como “La Cruz de Ceniza”, de Hernán Robleto, y “Por los Caminos van los Campesinos”, de don Pablo Antonio Cuadra.
“A Niquinohomo llegan gran cantidad de personas nacionales y extranjeras para presenciar nuestra famosa Judea y a los notables grupos de pastorelas que son orgullo de nuestra ciudad”.
HOMENAJES A GRANEL
Durante la celebración del cuarenta aniversario de Niquinohomo como ciudad, se honrará la memoria histórica de destacados niquinohomeños.
A la cabeza de estos personajes está el General de Hombres Libres Augusto C. Sandino.
Entre otros notables del lugar se menciona a don Dámaso Rivas, sabio bacteriólogo, don Lisandro Zambrana Ramírez, mago del violín, y a don Juan Manuel Quesada, tubista.
También se rendirá homenaje a don Adalid Calderón, fundador de la primera Banda Municipal de Niquinohomo, y a personajes distinguidos.
CONOCIO A SANDINO
“Yo estaba muchachón cuando conocí a la familia Sandino”, dice don Carlos Sotelo. “Sócrates era el elegante, se vestía muy catrín porque su papá tenía mucho dinero. Había en la casa una venta que atendían indistintamente don Gregorio o doña América, que siempre andaba elegante y distinguida. Augusto era un muchacho muy sencillo y popular con las jóvenes del lugar”.