Lucía Salvo [email protected]
Soy una asidua lectora de la columna “En letra pequeña” que escribe Fabián Medina, por sus comentarios tan agudos sobre la problemática nacional.
Quiero referirme a la publicación del 1ero. de agosto en el subtítulo de su columna (“Un ojo de la cara”). Como es del dominio público, el Ministerio de Salud no cuenta con fondos extraordinarios para hacerle frente a demandas que haga la población en este campo tan sensitivo y delicado. En este caso específico de los señores afectados con su visión, mi impulso inmediato fue el de gestionar una ayuda humanitaria, sin ánimos de ofender a nadie; ni que se viera ésta como una indemnización, sino como un gesto de solidaridad, pues yo estoy bien clara que a la salud no le podemos poner precio.
Yo le aseguro al Lic. Medina, que si estuviera dentro de nuestras posibilidades brindar un mayor apoyo económico así lo haríamos; pues nos sobra la voluntad política de apoyar y servir a los más necesitados.
Aprovecho la oportunidad para comentar las inquietudes del sector salud con respecto a estos temas que son tan tristes y dolorosos tanto por las personas afectadas en su salud como para los que luchan por salvar una vida. “Nadie quiere hacer daño por elección propia”. El personal que labora en todo el sistema de salud, cuando ocurre un deceso o algún accidente doloroso, como fue en este caso, como ser humano sufre la frustración y hasta entra en estados de abatimiento por no haber logrado el objetivo primordial de su profesión que es el de llevar salud a la población más necesitada.
Ministra de Salud.