Mariela Fernández [email protected]
Con un balde de agua en la mano encontramos a Rosa Isabel Calero Ruiz, de 58 años, quien pasó de pequeña comerciante a cuidadora de tumbas del Cementerio Oriental de Managua.
Hace 15 años, por la necesidad de sacar adelante a sus 14 hijos, Isabel viajó de Ticuantepe a la capital en busca de mejor suerte, con la venta de enchiladas, tortillas y agua helada, pero esas tareas agotadoras aportaban poca ganancia a su numerosa familia.
“Primero vine a vender enchiladas y agua helada, pero como un tío mío trabajaba cuidando tumbas aquí (cementerio) venía mis ratitos, hasta que un día él me dijo que si quería trabajar como él, fue entonces cuando me empezó a buscar clientes y ahora yo le busco a mis hijas”, relata la mujer.
Hoy la acompañan dos de sus hijas, quienes tienen a cargo 150 tumbas, las que se reparten entre las tres, 50 cada una, para darles mantenimiento.
La jornada laboral de Rosa Isabel y sus dos hijas inicia a las siete de la mañana cuando emprende su viaje a Managua, y a las nueve ya comienza su trabajo. Los martes y jueves se encargan únicamente de regar las tumbas, los miércoles y viernes las limpian, y los fines de semana les siembran plantas.
Además de sus hijas, a Rosa Isabel también le acompañan sus dos pequeños nietos de 11 y 13 años, sin descuidar el estudio, porque ellos le ayudan sólo durante fines de semana y días feriados.
“En ningún momento dejo que ellos pierdan clases, porque es eso lo que les permitirá tener un mejor futuro”, señaló.
El cementerio se ha convertido para Rosa Isabel y su familia en su segunda casa, porque además de ser su lugar de trabajo es el sitio donde encuentra paz y tranquilidad. “Este trabajo me ha servido para pasar mi vejez más descansada, el trabajo es suave, ni parecido cuando después de pasar cerca del fuego tenía que salir a vender las tortillas y las enchiladas”.
Asegura que ahora los días son más llevaderos, el dinero es más constante, aunque a veces hay clientes a los que no les gusta pagar. “De los 50 que tenemos cada una, casi siempre la mitad es la que nos viene a pagar, a los demás los tenemos que andar buscando”.