Los managuas cumplieron una vez más con la tradición de celebrar en grande la llegada de Santo Domingo de Guzmán, una tradición que se cumple desde hace 115 años cuando la imagen de 20 centímetros fue encontrada en un árbol de las Sierritas de Managua.

Calma, diversión y fe

Santo Domingo arrebató a su pueblo una vez más en una impresionante procesión Inditos, diablitos, creyentes, promesantes, turistas, vagos, borrachos, todos bailaron al son de marimbas Juan Carlos Tijerino yGabriela Roa [email protected] La imagen de Santo Domingo de Guzmán arrancó ayer su tradicional peregrinaje en “relativa” calma, interrumpida a veces por algún pleito de borrachitos, […]

  • Santo Domingo arrebató a su pueblo una vez más en una impresionante procesión
  • Inditos, diablitos, creyentes, promesantes, turistas, vagos, borrachos, todos bailaron al son de marimbas

Juan Carlos Tijerino yGabriela Roa [email protected]

La imagen de Santo Domingo de Guzmán arrancó ayer su tradicional peregrinaje en “relativa” calma, interrumpida a veces por algún pleito de borrachitos, unos cuantos heridos, y tantos más desmayados.

En la cima de un gran pedestal adornado con flores y plantas, la pequeña imagen de 18 centímetros de longitud, bajó de su trono en la Iglesia Las Sierritas para visitar por diez días la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán.

La gente que acompañó a “Minguito” este año parecía seguir el curso de un tímido río que nace en Las Sierritas se ensancha en el camino hasta desembocar en un mar de gente.

Los inditos, diablitos, creyentes, promesantes, turistas, vagos, borrachos, todos bailaron al son de los chicheros, la marimba y hasta al ritmo de la famosa canción de Pedro El Escamoso.

Mientras los vendedores pregonaban: “enchiladas, carne asada, vigorón, tajadas con queso, maduro con queso, cerdo, gallopinto, agua helada, gaseosas” y hasta la “leche” que resultaba ser el agua ardiente.

Cruz Mejía, con ayuda de cinco hermanos, se abría paso entre la gente con un gran carretón que tenía integrado de forma ingeniosa un fogón, donde iban asando la carne que vendían con éxito.

Para muchas personas la llegada del Santo a la capital representa la oportunidad para pagar sus promesas, como es el caso de Juan Pablo Membreño quien padeció de sarampión rojo en su niñez, hasta que su mamá le prometió al Santo que si curaba a su hijo, éste iba bailarle con el cuerpo lleno de aceite quemado.

“Tengo diez años de bailarle al Santo, porque él me curó, ésta es una promesa que mi mamá hizo y ahora la estoy cumpliendo como todos los años”.

El peso de los años tampoco impide que Rita Miranda Narváez se ponga cada primero de agosto su traje típico, sus collares, se pinte los cachetes y salga a bailarle al Santo en agradecimiento por favores recibidos.

“Tuve un niño a los cinco meses de gestación, que ahora ya es una adolescente de bien”, dijo tras comentar que tiene 49 años de bailarle a Santo Domingo.

Pero la historia de Miranda no acaba ahí, aseguró que “Minguito” también le salvó otro hijo que se le enfermó de cólera.

Por su parte, Agustín Antonio Pérez Madrigal acompaña al Santo en su salida para reventarle doce cohetes al tiempo que vende otros más para ganar dinero.

Recordó que hace 20 años cuando asistía a las fiestas en compañía de su abuelita, llegaba el doble de creyentes y eran más alegres, aunque confesó que ahora estas celebraciones son más ordenadas.

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