Una Iglesia dietética no sería la de Jesús

Pablo A. Villafranca M.

“Acabad con los errores; amad a los hombres”
San Agustín de Hipona

En el mundo de las comidas y bebidas «light», que buscan mantener deseable, apetecible y lucible el cuerpo, y donde la frontera entre fisiología, estética y vanidad no es tan clara, la ambigüedad, relatividad y laxitud de opiniones, comentarios y análisis políticos, económicos y humanos encuentran una adversaria «saturada» de peso de doctrina, repleta de ideas estables y claras, lacerantes para unos y edificantes para otros: la Iglesia.

Para don Humberto Belli P. a quien le publicaron en la edición del domingo 28/7/02 en la página de opinión el artículo «En el justo medio mora la virtud», la Iglesia posee mucha doctrina que es opinable. A pesar que reconoce que ella posee un cuerpo magisterial sobre temas políticos, económicos y humanos, restringe ese corpus doctrinarae a opiniones del magisterio que los laicos deben saber aplicar. Hay que recordarle al Sr. Belli, que el 29 de junio de 1998, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, emitió la Fórmula para la profesión de fe y el juramento de fidelidad al asumir un oficio que se ejercita en nombre de la Iglesia con una Nota doctrinal ilustrativa de la fórmula conclusiva de la “Professio fidei”. En la Nota doctrinal ilustrativa, se recuerda que la Iglesia posee la cualidad de ser Infalible. Esta infalibilidad descansa sobre contenidos de la Revelación enseñadas por la Sagrada Escritura, a la cual se llama «Infalibilidad Primaria», y de las que brotan verdades que se llaman doctrinas ‘de fide credenda’, o puede descansar sobre verdades correspondientes al ámbito de la dogmática o moral que resulten necesarias para custodiar y exponer el depósito de la fe, aunque no hayan sido propuestas por el magisterio de la Iglesia como formalmente reveladas, y a esta se le llama «Infalibilidad Secundaria» de las que brotan las enseñanzas que se conocen como doctrinas ‘de fide tenenda’. A ambas enseñanzas magisteriales, un católico debe prestar obediencia religiosa.

Don Humberto mintió al decir que “Antes del Concilio Vaticano Segundo la tendencia del establecimiento eclesial era abstenerse de participar en temas considerados temporales. Fue con el llamado del Concilio, a iluminar las realidades temporales desde la perspectiva de la fe, que los clérigos comenzaron a incursionar en forma cada vez más directa en temas relacionados con la política y asuntos conexos”. Toda la Patrología o Patrística (Santos de los siglos II al VII) hablaron de realidades que para don Humberto serían opinables. San Hipólito de Roma, San Ireneo de Lyon, San Clemente Romano, Los Santos Capadocios, San Ambrosio de Milán, San Juan Crisóstomo, la Carta a Diogneto, Los Concilios de Cartago y las Galias. Y en el siglo XIX las enseñanzas sociales de la Quod Apostolici Muneris, Inmortale Dei y la Rerum Novarum de León XIII, la Divini Redemptoris, Miserentissimus Redemptor, Quadraggesimo Anno, Acerba Animi, Divini illus Magistri de Pío XI. Los repetidos radiomensajes de Pío XII y Benedicto XV. ¿Enseñanzas opinables?

También es falso lo que el Dr. Belli afirmó: “Es cierto que en la Iglesia jerárquica hay mucha gente preparada. Pero los mejores especialistas en economía, derecho y asuntos tributarios, así como los mejores politólogos, están fuera de ella”. Tal afirmación es cuestionable, porque las academias pontificias y los pontificios consejos están nutridos de los intelectuales y eruditos más versados del mundo. Las famas de las universidades tuteladas por la Iglesia gozan de prestigio y renombre, no por tener subnormales en sus cátedras o recintos, a no ser que en esta nueva era, la Iglesia haya perdido control de calidad en centros de enseñanzas que ostenten emblemas o nombres de inspiración de católica, sólo para capitalizar sus arcas.

Donde el Dr. Belli no mintió, fue cuando dijo que la Iglesia al pronunciarse en asuntos (a su juicio) a la vez opinables y controversiales, resiente a sectores de los fieles que perciben en dicha práctica el uso ilegítimo de la autoridad eclesial a favor de temas que no le son de su incumbencia. El resentimiento o agradecimiento de minorías selectas, élites intelectuales o castas en el poder, no es un criterio para afirmar que la enseñanza magisterial es opinable, eso es lo que desean «grupos contestarios» afectados por lo que el rector del Ave María Collage llamó «sucumbida de ciertos prelados (ante los micrófonos y las cámaras) al protagonismo y la vanidad que llevan todos los hijos de Adán, haciéndolos opinar creyendo que profetizan». La condena que Juan Pablo II hiciera con ocasión de los atentados terroristas del 11 de septiembre fue de agrado para los dolientes y de desagrado para los terroristas y sus simpatizantes en la vasta gama musulmana. La enseñanza de la Humanae vitae de Pablo VI, fue acogida con beneplácito por el mundo realmente católico, pero con rechazo por las casas farmacéuticas interesadas en la aprobación de la píldora. La firmeza del magisterio en materia de vida y de las uniones ilegítimas causa rechazo en los sectores gays, feministas y antieclesiásticos, más no así en el mundo realmente católico.

Las catequesis de Juan Pablo II contra el bloque comunista o cuando denuncia los excesos del neoliberalismo, molestaba o alentaba a uno u otro lado, pero no son enseñanzas “opinables”.

O somos católicos de verdad o somos partidarios de una Iglesia Nueva, para una era nueva, una Iglesia dietética, ligera en sus juicios, suaves en sus críticas, pero esa Iglesia, no sería la Iglesia que fundó Jesús.

El autor es sacerdote católico.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí