Alfredo Gutié[email protected]
A propósito del artículo de Douglas Carcache del lunes 22 de julio (El turista quiere saber la verdad), en mi opinión el paraíso de Nicaragua sí existe. Está a la vista de todos los que vivimos en esta bella tierra y de los extranjeros que nos visitan. La suciedad también existe. En encuestas realizadas a los turistas a su salida del país, al igual que en todos los aeropuertos de Centroamérica, se consideran algunas regiones de Nicaragua como sucias, pero el balance de las mismas refleja la admiración del turista por las bellezas naturales y su interés por regresar al país. Ninguna de estas encuestas refleja sentimiento de “estafa” por lo que se le ofreció antes de venir a nuestro país.
Efectivamente estamos preocupados por los problemas de insalubridad, no sólo como empresarios, sino por el bienestar de nuestro país. Cada vez que un turista deja de venir a Nicaragua, se reduce la captación de impuestos y se alejan las posibilidades de incrementar los presupuestos de salud y de reducir las epidemias.
Soy enemigo de ocultar la verdad. Ésta debe ser el pilar de nuestras acciones. Cubrir notas periodísticas de lo que a diario acontece debe ser una perenne obligación de los profesionales del periodismo. No podemos ni debemos callar, pero sí informar a la ciudadanía dentro de los parámetros adecuados. En Estados Unidos, donde el presupuesto de salud debe ser no menos de dos veces el presupuesto total de Nicaragua, se registran alrededor de cuatro casos de meningitis por cada cien mil habitantes. En Nicaragua no se llega a dos por cada cien mil habitantes.
Nuestras autoridades, Ejecutivo y municipalidades, no deben sentarse en sus laureles y permitir que una menor cobertura de la suciedad y enfermedades, sea el motivo para dejar que se disparen las mismas. Estas deben, paulatinamente y de acuerdo a las mayores recaudaciones tributarias que obtengan, incrementar los presupuestos en limpieza y salubridad.
El dengue no es endémico de Nicaragua. Ocasionalmente le hemos indicado a las autoridades sanitarias del país que ellos tienen la obligación de no amainar en la lucha contra esta y otras enfermedades y que deben impulsar una agresiva campaña de educación ciudadana para la limpieza de charcas, montes y áreas donde se reproducen nuestros enemigos de la salud. La responsabilidad es pues de la sociedad en su conjunto.
Nuestros vecinos del sur invierten en promoción internacional casi los once millones de dólares, nosotros apenas tres. Ellos explotan su aparente perfección en salubridad, para obtener ventaja de nuestros malos manejos en tal asunto y así desviar hacia su destino a los turistas que piensan visitar Nicaragua. Soy testigo de tales maniobras. Mientras nosotros hacemos un Apocalipsis de las enfermedades, ellos venden la idea que no las tienen. Manejan el éxito de tal información apoyados con la casi nula publicación de enfermedades en los medios de difusión de su país.
La idea de este artículo no es sectorizarnos, sino por el contrario, contribuir a que todos seamos parte del progreso de nuestra nación, que juntos contribuyamos a tener en el futuro más y mejor salud para nuestra población. Asustar nuestras fuentes de recaudación de ingresos, no contribuirá a tal deseo, más bien nos mantendrá en el subdesarrollo y la pobreza.
Ex presidente de la Asociación Nicaraguense de Agencias de Viajes y Turismo.