Mario Alfaro Alvarado
Es frecuente que los rojos sin mancha insistan con vehemencia en los principios liberales. Más de un interesado quisiera tener una definición sencilla pero completa de la naturaleza de esos principios ideológicos que durante un siglo han servido de propaganda y afirmación a tres dictaduras liberales.
Sería, además, muy oportuno para los muchos que rechazan el actuar de los gobiernos liberales, saber si el fraude electoral, la descalificación de los partidos políticos, la elección “a dedo”, el reeleccionismo, el culto a la personalidad, la corrupción y tantas otras prácticas generalizadas de los regímenes liberales, que con los cinco años de Arnoldo Alemán cumplieron 72 años de ejercicio en el poder, son principios liberales o prácticas degenerativas de un partido que no ha evolucionado ni ha sido capaz de resolver los recurrentes problemas nacionales.
Zelaya, entronizado como el sumo pontífice del liberalismo, por sus seguidores de ayer y de hoy, inauguró la primera dictadura liberal. No todos lo acompañaron en su aventura y el partido se dividió. A Somoza se le dividió dos veces el Partido Liberal, y ambas por su insistencia en reelegirse. ¿Dónde está entonces la unidad monolítica del partido rojo que tanto pregonan sus voceros? Si los que combatieron a Zelaya y a Somoza por reeleccionista eran también liberales, habría que definir cuál de los bandos era legítimamente liberal, el que se opuso a la dictadura y al continuismo o el que apoyó a los dictadores. Si la reelección y el continuismo no son principios liberales, ¿por qué los liberales lo han practicado durante 72 años de detentar el poder?
¿De qué le sirven al pueblo nicaragüense los principios abstractos del liberalismo como la libertad, la democracia, el laicismo y otros más, cuando en la práctica cotidiana en el ejercicio del poder tales principios han sido pisoteados por los dictadores liberales? Ahora que no se puede censurar la libre expresión del pensamiento, los liberales llaman principio liberal al respeto del pensamiento ajeno; pero en las dictaduras pasadas ese principio liberal —proclamado como uno de los más caros derechos humanos—fue censurado frecuentemente, las dictaduras liberales encarcelaron periodistas, cerraron y destruyeron periódicos.
Ahora tenemos al tercer dictador liberal, en realidad se trata de un dictador a medias, porque no se dispone de los instrumentos represivos e intimidatorios de sus antecesores Zelaya y Somoza; sin embargo, eso no ha impedido que como Zelaya y como Somoza haya saqueado las arcas nacionales y dilapidado los dineros populares, bloquee desde una curul regalada los esfuerzos de un gobierno legitimado por casi dos millones de votos, para que no emprenda la recuperación económica del país, ni persiga la corrupción ni realice los cambios estructurales que necesita el caduco Estado liberal, nacido en 1893, para ponerlo en consonancia con el mundo en marcha del siglo XXI.
Ese dictador a medias busca desesperado la reelección, pero se le interpone la cárcel por saquear las arcas nacionales, enriquecerse ilícitamente y enriquecer a sus cómplices en el saqueo.
El autor es periodista.