Su Santidad Juan Pablo II en su primera visita a Nicaragua.

La hábil diplomacia del Papa

Algunos de sus viajes, como su primero a nuestro país, estuvieron marcados por grandes tensiones Margarita MartínezThe Associated Press El papa Juan Pablo II ha sido recibido en América Latina con un fervor religioso y un cariño personal casi sin igual en el panorama mundial. En las últimas dos décadas, millones de católicos llenaron el […]

  • Algunos de sus viajes, como su primero a nuestro país, estuvieron marcados por grandes tensiones

Margarita MartínezThe Associated Press

El papa Juan Pablo II ha sido recibido en América Latina con un fervor religioso y un cariño personal casi sin igual en el panorama mundial.

En las últimas dos décadas, millones de católicos llenaron el estadio Maracaná en Brasil, el Azteca en México o viajaron desde lejos en Centroamérica y en los países andinos para ver al Papa y recibir su bendición.

Algunas de sus visitas a esta parte del mundo, sin embargo, estuvieron marcadas por fuertes tensiones por el momento político de los países que visitaba.

NICARAGUA 1983, UN TRAGO AMARGO

Expertos en temas de la Iglesia señalan que de sus viajes a 27 países de la región, los encuentros más difíciles fueron la visita a Nicaragua en plena revolución sandinista, a Chile hacia el final del largo régimen militar, y a Cuba, luego de casi 40 años de dictadura oficialmente atea.

“El Papa los sorteó como el más hábil diplomático y dejó huellas políticas, pero ante todo espirituales en los creyentes de esos países que vivían situaciones difíciles”, dijo el sacerdote jesuita colombiano Eduardo Cárdenas.

La visita a Nicaragua en 1983 fue quizás una de las más amargas, cuando en una misa campal una multitud de sandinistas gritó para ahogar la voz de Juan Pablo II, ayudada por los técnicos gubernamentales que bajaron el sonido.

Los sandinistas levantaron el puño izquierdo y gritaron: “¡Poder popular!”

“¡Silencio!”, respondió el Papa, tratando de poner un poco de orden, en tal vez el más grande desaire que haya recibido en estas tierras.

“Gente que hasta entonces había tenido dudas sobre su relación con la revolución descubrió en qué lado estaba, porque vieron cómo trataba (el régimen) al Santo Padre”, diría después el cardenal Obando y Bravo en entrevista al historiador George Weigel.

EVITANDO MANIPULACIÓN DE PINOCHET

En Chile, en 1987, Augusto Pinochet llevaba 14 años en el poder y era la primera vez que una personalidad internacional lo visitaba, pues el régimen estaba aislado.

La dictadura, que se acercaba a su fin sin saberlo, buscaba manipular el sentimiento católico de ese pueblo en su favor.

El viaje tuvo varios momentos difíciles, recordó en una entrevista a la AP el arzobispo emérito chileno Francisco Cox, organizador de la visita papal en esa época.

El primero fue cuando Pinochet, en una hábil maniobra, hizo que Juan Pablo II se desviara a un balcón que daba a donde se encontraba una multitud de funcionarios del régimen agitando pañuelos y banderas.

“El Papa muy discreto saludó, contempló a la gente y continuó. Pero fue la primera brecha al protocolo, y el signo de que el gobierno quería manipular la visita del Papa”, dijo Cox.

El momento más delicado ocurrió en el Parque O’Higgins, cuando lo que al parecer eran agentes de la dictadura ingresaron a la misa e iniciaron disturbios, y fue cuando el Papa pronunció una de sus más memorables frases en los viajes.

“El amor es más fuerte”, dijo mirando hacia donde se enfrentaban las multitudes.

Monseñor Cox afirmó que el viaje fue benéfico para Chile: “La oposición salió fortalecida porque el Papa los reconoció, se encontró con ellos. Eso ayudó a abrir espacios en un país que llevaba años bajo un régimen dictatorial”, señaló.

LA SONADA VISITA A CUBA

Otra visita que causó revuelo, no tanto por la tensión que produjo, sino por los esquemas de la Guerra Fría que quedaron enterrados, fue la que realizó el Papa a Cuba en 1998.

Fidel Castro y Karol Wojtyla, dos sobrevivientes y polos opuestos en la vieja Guerra Fría, se encontraron en el ocaso de sus vidas, pero todavía con fuerzas para causar polémicas.

El régimen de Castro, que por casi 40 años había perseguido las religiones, en particular la católica y fomentado el ateísmo, recibió al pontífice calurosamente. Algo que era difícil de imaginar.

En la Plaza de la Revolución, donde normalmente colgaban retratos de Marx y Lenin, estaba el Sagrado Corazón, para que el Papa celebrara una misa campal, la primera que, en años, se realizaba públicamente en la isla.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí