Franklin Bordas [email protected]
Estaban expectantes sobre la venida del Mesías, lo proclamaban en todas partes, era el evento más esperado por todos, en nombre de Él buscaban la santificación de Israel, escudriñaban las escrituras buscando las señales de su llegada… y cuando llegó, ciegos y sordos lo ignoraron. Tuvieron la oportunidad, Él era y es el camino, y no lo siguieron. Aún hoy, se rasgan las vestiduras, por no haberlo reconocido. En medio de ellos, mientras esperaban a otro. ¡Vana y estulta posición de estos señores!
¿Somos los nuevos fariseos de estos tiempos? Estrictos en su estilo de vida, prestigiosos, influyentes en las sinagogas, autoritarios, críticos, legalistas hasta el extremo, esquematizantes, son atributos —si así pueden denominarse— del perfil de los fariseos: un fuerte e importante grupo político y religioso, con un modelo de vida apegado a la ley de Moisés… pero embusteros en cuanto al cumplimiento personal.
Parecían blandir el slogan: “Somos inmunes”. Algunas referencias en la literatura rabínica muestran a los fariseos como eruditos que aceptaban la Ley oral y la escrita, y velaban por su cumplimiento en la comunidad judía.
Ciegos a todo lo que no fuera su propia interpretación de la Ley, los fariseos juzgaban severamente a todo aquel que caía en trasgresión, mientras ellos hacían alardes de religiosidad y fingían inocencia de arcángeles. Dueños de la Ley, se daban el lujo de infringirla, como hoy día lo hacen también muchos administradores de justicia, que juzgan errores ajenos y propios con abismales diferencias. “¡Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás, que son ladrones, malvados y adúlteros, ni como ese cobrador de impuestos…”, oraba un fariseo en el templo, (Lucas 18.11-12).
El énfasis doctrinal estaba en la observancia estricta de la Ley, la pureza ritual, los diezmos y el sábado. “El fariseísmo es una filosofía de vida, una forma de ser”, escribió el historiador judío Flavio Josefo. Le agregaríamos que es también una filosofía del elitismo, el egocentrismo y la etnolatría o grupolatría. Nada fuera de sus formalismos y determinaciones tenía valor, muy por el contrario, era desacreditado. Constituían un grupo muy fiel a sus propias costumbres y tradiciones. Los fariseos, según este historiador judío, aceptaban la influencia de la providencia, al mismo tiempo que afirmaban la importancia de la voluntad humana.
Su visión era hacer santo al pueblo de Israel (Ex.19.6), y su esperanza mesiánica llegó a ser tan legalista que no pudieron entender el escenario perfecto que Dios, el Señor Todopoderoso, utilizó para la venida de su hijo el Redentor. Jesús atacó a los fariseos llamándolos hipócritas por no vivir a la altura de los valores éticos del judaísmo. Ellos enseñaban al pueblo la observancia de la Ley, pero no daban el ejemplo cumpliéndola (Mateo 23.1-36). Amparándose en el conocimiento de las escrituras despreciaban a los pecadores, y pretendían tener una piedad superior, separándose de la gente común. Se encerraban, lo que les impidió entender que el esperado Mesías era Jesús y estaba entre ellos.
“Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”… hablaba Jesús a la gente y a sus discípulos, en referencia a los escribas y fariseos. Mateo 23.4
¡Pobres los fariseos de antes, que viendo a Dios no pudieron entenderlo! …y pobres los fariseos contemporáneos que insisten en esa ceguera espiritual que nubla el entendimiento, y continúan sin verlo. El fariseísmo hoy está muy bien instaurado en nuestro mundo; la negación de Jesús campea. El rostro de Dios se oculta ante el ensoberbecido corazón del hombre, que es esclavo de sus pasiones.
Oremos para que el Señor, nuestro Dios misericordioso, nos limpie de esas actitudes farisaicas que obnubilan nuestra mente, y nos impiden acercarnos a Él, perdiéndonos de la gran oportunidad de ser llamados Ciudadanos del reino de la luz y de la paz.
El autor es escritor.