El Fondo Monetario Internacional exige demasiado

Lorena Zamora-Rivas

En el Conpes existe una preocupación por el ritmo de las negociaciones con el FMI. Hay algo que es incomprensible con estas negociaciones. Por un lado, la comunidad donante sabe que Nicaragua está en una crisis económica profunda, una parte provocada por los desgobiernos desde 1979, pero otra y muy importante, por la crisis mundial, agravada por los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001. De estos últimos no tenemos ningún control. El gobierno del Ing. Bolaños recibe un país con una deuda interna muy alta. Sus recaudaciones no cubren el gasto corriente y tenemos que recurrir, una vez más, a apelar a la generosidad de la comunidad donante, quienes nos condicionan llegar a un acuerdo con el FMI para poder continuar con su apoyo.

Y justamente cuando Nicaragua tiene un gobierno honesto, es como en la fábula de “¡El lobo!, ¡el lobo!”, el FMI, hoy cansado, luego de que Nicaragua incumpliera los acuerdos firmados anteriormente, parece no creer en compases de espera, a pesar de las muestras de este gobierno y la disposición nacional de asumir de una vez por todas una cruzada nacional contra la corrupción.

Las políticas de ajustes económicos que requiere Nicaragua para poder gastar conforme sus ingresos, son de una naturaleza tal, que no pueden realizarse en el corto tiempo que se dispone para cumplir con las fechas de las reuniones del Directorio del FMI, ni se pueden realizar sin llevar a cabo un estudio profundo, responsable y con visión de largo plazo, con el propósito de no estar, cada vez que hay cambio de gobierno, cambiando las reglas del juego, y nuevas reformas tributarias. Práctica desgastante y grave porque altera el mecanismo de programación de la iniciativa privada —tanto nacional como extranjera— cuando planifica con unas reglas y éstas son cambiadas en el camino. Y las exigencias se las plantean al Ejecutivo sabiendo que hay independencia de Poderes y que éstos, al no participar en la discusión de la aprobación de la política de ajuste, es muy posible que pongan trabas para compartir estas exigencias. Y como no hay un sentimiento de país, sino de “territorialidad” de grupos, le es muy difícil al Ejecutivo cumplir. Las reformas constitucionales de 2000 hicieron que crecieran poderes del Estado y la Contraloría, “engordando” el aparato estatal sin que éste fuera a ser más eficiente, poniendo más presión al presupuesto ya de por sí insuficiente. Así como se le pide a la población “apretarse la faja”, creo que con gusto se haría si comenzamos apretándosela al Estado en su conjunto, privilegiando únicamente, al sector estatal vinculado con la producción, Educación, Salud y Seguridad Ciudadana, y reduciendo la CSJ, el CSE, la Asamblea y CGR.

Pareciera que tenemos un gigantesco país, cuando lo que tenemos es un exceso de funcionarios con salarios altísimos. Por tanto, el sector privado y los ciudadanos muy difícilmente podrán estar de acuerdo en un incremento en la tributación, para mantener todo ese aparato ineficiente, acusado diariamente ante la opinión pública de un alto grado de corrupción e inoperancia. No podemos ignorar los problemas macro, que son los que nos tienen en las carnes que hoy presentamos. Y los organismos internacionales, comunidad donante, saben todo esto, pero prefieren ignorarlo y únicamente se enfatiza en “balancear” la chequera. ¿De qué nos va a servir tener un país “balanceado” pero muerto? Lamentamos ver que el FMI esté exigiendo algo que sabe que no puede cumplirse, como sabía no se podía cumplir antes para luego decir que había incumplimiento. Este gobierno desde que asumió redujo los gastos exorbitantes, superfluos e inescrupulosos que se daban en el Estado. ¿Por qué ahora el FMI no puede creer en el gobierno y lo obliga a buscar la aprobación de la Asamblea Nacional, cuando nunca antes se impuso esa condición? Siento que de ninguna manera vamos a ganar, y aunque cumplamos 100 por ciento hoy, siempre surgirán otras condicionalidades, y será de nunca acabar.

Es cierto que ya tenemos 11 años tratando de hacerlo luego de haberse destruido la base productiva del país. Pero estos años no son suficientes para un país en las condiciones como quedó Nicaragua en 1990. Tenemos que invertir hoy para poder cosechar mañana, pero aquí lo que se está pidiendo es “cosechar” sin haber tenido la oportunidad de sembrar, ya que estamos embotellados en todos estos ajustes desde hace demasiados años, los cuales únicamente han ayudado a deteriorar la ya deficiente economía nacional. Con tantos ajustes, no hemos podido concentrarnos en desarrollar la producción, ya sea agrícola, industrial, turística. Hay que replantearse bien qué es lo que vamos a cumplir y para dónde vamos, viendo que tenemos que insertarnos en una economía globalizada, donde debemos ser competitivos. Todos tenemos la palabra para apoyar al Gobierno en el desafío de lograr una negociación viable con el FMI, ya que es una situación de sobrevivencia nacional.

La autora es miembro de la Junta de Directores del Conpes.  

Editorial
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