José María Alvarado [email protected]
En LA PRENSA del 22 de junio del corriente año, en el suplemento “La Prensa Literaria” se publicó un artículo de Luis Sánchez Sancho en el que “Evoca el perfil filosófico de Serrano Caldera con motivo de su reciente aparición en Semilla en el Tiempo, una obra que reúne a los más importantes filósofos de Latinoamérica”.
Con su característico estilo, Sánchez Sancho nos regala una radiografía de la persona y obra de Alejandro Serrano Caldera a quien él bautiza como “el Filósofo de Nicaragua”.
Justo título y justo reconocimiento el que hace Sánchez Sancho, con quien comparto cada una de sus apreciaciones con respecto a Alejandro.
Quizás lo único que podría agregarle es que Alejandro además de todo lo que acertadamente señala Luis Sánchez posee una humildad propia del intelectual auténtico, carente de afectaciones o de actitudes estereotipadas comunes entre los intelectualoides que pululan en nuestro medio.
Señala Sánchez Sancho que “Alejandro Serrano sería un excelente gobernante” y valida la sentencia platónica de que en un gobierno de filósofos “La sociedad podrá vivir de manera decente, pacífica, próspera y culta”.
A renglón seguido, sigue diciendo Sánchez Sancho “pero Alejandro Serrano Caldera nunca será gobernante de Nicaragua” y sustenta su aseveración con el argumento de que los nicaragüenses “cuando deben decidir entre un Barrabás y un Jesús, no vacilan con quedarse con Barrabás”.
Es solamente en este enfoque que difiero con lo expuesto por Sánchez Sancho y es que el problema del pueblo nicaragüense, es precisamente ése, nunca ha tenido la opción de votar por Barrabás o Jesús, siempre ha tenido que escoger entre Barrabás o Barrabás y sería lamentable aceptar que el filósofo de Nicaragua, no será nunca gobernante puesto que equivaldría a aceptar que eternamente estaremos gobernados por Barrabás.
No sé cuánto interés tenga Alejandro en ser gobernante, pero sí, creo que una figura con las cualidades y calidades que él reúne devolvería la confianza a este pueblo que ha sido históricamente maltratado por las ambiciones de los políticos.
Considero que antes de negar la posibilidad de que Serrano Caldera sea gobernante deberíamos proponérselo y luego proponérnoslo, nosotros, el pueblo a fin de que eso sea posible.
Tengo la seguridad que moros y cristianos verían la figura de Alejandro Serrano con ojos de esperanza y que, inclusive, los partidos políticos tradicionales desearían tener un candidato de su estatura.
El autor es abogado y notario.