Cornelio [email protected]
Si se revisan los libros sobre la historia de Nicaragua, se detecta rápidamente que una causa —quizás hasta la causa— para la falta del desarrollo económico sostenido es la constante intervención de la política en el quehacer diario de los agentes económicos.
Un periodista nicaragüense de economía, con el cual me encontré en un evento de una cámara del Cospe lo puso así: “Los nicas siempre ponemos la politiquería primero, después buscamos cómo sacar provecho económico de la situación creada; los ticos buscan primero la concertación económica y después eligen al político que mejor les parezca para empujar lo concertado. Los resultados diferentes están a la vista”.
Esta observación no sólo es válida para la década de los 80 —sin la menor duda la intervención más masiva y directa por la política en el quehacer económico— sino ya en el siglo XIX la destrucción y expropiación de recursos del oponente político como su asignación al correligionario eran instrumentos establecidos de la lucha por el poder, en forma tan despiadada, que Nicoya y Guanacaste optaron por separarse. La revolución de Zelaya y la contrarrevolución de los conservadores usaban ambas los mismo instrumentos. Las intervenciones políticas de los últimos 50 años, aunque no costaron territorio, provocaron la emigración de centenares de miles de personas educadas y preparadas, una pérdida al menos por un valor igual como los territorios perdidos. Nicaragua no es la única parte del mundo donde se ha tenido que pasar por esta experiencia tan dolorosa.
Ante este trasfondo histórico sorprende y a la vez —por la tradición— no es sorpresa, que haya personas, hasta personas bien intencionadas, las que de nuevo proponen poner el carro —la política— frente a los bueyes —la economía—. Pues precisamente esto es el significado real de un diálogo nacional encabezado y presidido por los partidos políticos pero sobre el rumbo y acciones específicas a tomarse para supuestamente arrancar la economía del país.
De hecho solamente la propuesta ya espantó a empresarios nacionales e internacionales, dado que una vez más se señala que en Nicaragua sigue como latente el peligro, que el arreglo político se imponga encima de los planes de desarrollo empresarial; más aún cuando en el Consejo Nacional de Planificación Económica y Social (Conpes) ya existe una instancia con rango constitucional para la concertación económica, órgano en lo cual hasta los partidos políticos tienen representantes o sea el foro institucionalizado por excelencia para un diálogo nacional permanente sobre problemas económicos y sociales.
¡Ojalá que don Enrique no caiga en esta trampa mortal tan bien puesta ni otros, la que sin la menor duda regresaría el país al siglo XIX, cuando estamos intentando entrar al siglo XXI!
El autor es consultor en Informática.