Don Enrique y su caja de Pandora

Félix [email protected]

Dicen que la política es el arte de lo posible. Es el arte de buscar la gobernabilidad a través del consenso con los principales actores políticos y sociales del país. Para gobernar no es suficiente contar con la legitimidad otorgada por los electores en las urnas el pasado 4 de noviembre, ni con el apoyo entusiasta de la comunidad internacional, sino que se hace imprescindible construir un pacto social que garantice el cumplimiento de un programa que satisfaga en gran medida los intereses comunes de todos los nicaragüenses.

Sin embargo, para construir ese pacto social se necesita desarrollar una estrategia que no produzca tensionamientos innecesarios en el delicado tejido político nacional ni deprima la economía y el comercio, ni reduzca el interés de los inversionistas extranjeros. Y precisamente, esa falta de estrategia es lo que ha puesto al presidente Enrique Bolaños frente una caja de Pandora, donde pueden salir todo tipo de sorpresas.

A seis meses de haber asumido la primera magistratura, don Enrique se encuentra en una peligrosa encrucijada. Ha abierto una caja de Pandora en un país impredecible y no sujeto a las reglas del sentido común. No hay duda que su lucha frontal contra la corrupción ha generado mucho entusiasmo en la población, pero esto es apenas un aspecto de la delicada y compleja trama de la gobernabilidad. Es cierto que la corrupción es la principal causa de nuestra pobreza, y que debe desterrarse, pero hay que atacarla de manera integral y con estrategia. Tan corrupto es quien roba cinco centavos como quien roba cinco millones de córdobas. Y lo que es bueno para el ganso es bueno para la gansa.

Hasta ahora la Procuraduría ha denunciado casos de presuntos actos de corrupción cometidos por funcionarios del gobierno anterior, vinculados al Partido Liberal Constitucionalista, pero ¿qué pasó con las escandalosas quiebras de los bancos, en la que están involucrados conocidos políticos de otras tendencias ideológicas que escondidos en su actual inmunidad apoyan hipócritamente esta cruzada moralista?

Don Enrique debe ser un cirujano dispuesto a no dejar huella en esta lucha, y debe evitar que la misma afecte el liderazgo del partido que lo llevó al poder. No perdamos el norte. Dejemos que el Poder Judicial haga su tarea, y dediquémonos a la reactivación de la economía, a la generación de empleos productivos y a fortalecer el papel facilitador del Estado. Estas son las tareas impostergables.

El presidente Bolaños debe estar claro que para gobernar necesita un consenso político con el Partido Liberal Constitucionalista, ganador de las pasadas elecciones, y con el Frente Sandinista de Liberación Nacional, principal partido de oposición en este país. Debe reconocer que la legitimidad, lograda con los votos, se fortalece con el consenso político. Y para que exista ese consenso, debe admitir sin personalismos ni antipatías, el liderazgo real de sus interlocutores. Es decir, don Enrique debe admitir que el Dr. Arnoldo Alemán Lacayo, presidente de la Asamblea Nacional, es el líder del partido que lo llevó al poder, pese a los señalamientos de corrupción que le han formulado sus detractores, y a los problemas internos que atraviesa esta organización política.

De igual manera, debe reconocer que el secretario general del Frente Sandinista, Daniel Ortega, es el principal líder de la oposición, y sus votos en la Asamblea Nacional son significativos para aprobar o rechazar cualquier proyecto de ley que tenga en agenda el Poder Ejecutivo. Sólo una negociación política tripartita puede llevar al país a la estabilidad política y social que requiere. Para eso, don Enrique necesita el temple de un político y la sabiduría de un estadista. En política, los apasionamientos no cuentan. Se negocia para fortalecer la gobernabilidad. Y esto no es muestra de debilidad sino de poder, de legitimidad. Tampoco significa que don Enrique abandone su lucha quijotesca contra la corrupción, sino que le imprima el sabor de una lucha justa y cívica, sin resentimientos, y use el resto de su energía y talento para que Nicaragua avance hacia el progreso. Sólo de esa manera cerrará temporalmente la caja de Pandora, y el país avanzará más rápido.

El autor es periodista y escritor.  

Editorial
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