Edgard Tijerino [email protected]
No busquemos culpables alrededor de la derrota de Adonis Rivas en Buenos Aires ante la fogosidad de Omar Narváez, porque como diría Dantón, “la verdad es la culpable”.
Y la verdad, es que todos conocemos las limitaciones técnicas y la falta de poder, que reducen considerablemente las posibilidades del leonés, pese a la multiplicación de sus esfuerzos, al ensanchamiento de su corazón valiente, a su voluntad ardiente, a su deseo por superarse y su empeño por seguir siendo Campeón.
Recuerdo haber escrito en mi nota del 5 de mayo, después de una discutible conquista del cinturón de las 112 libras frente al colombiano Jair Jiménez, que no podíamos esperar “algo más” de Adonis, porque ahí lo teníamos de cuerpo entero, al revés y al derecho, avanzando más allá en un alarde de esfuerzo.
No podemos hundir el bisturí de la crítica en un muchacho que sólo quiso obtener más de lo que la vida le ofrecía, y lo logró, convirtiéndose en un ejemplo para todos nosotros en lo referente a no bajar nunca los brazos, saltar encima de las adversidades, y agigantarnos.
Confucio, quien aseguraba que todo en la vida es asunto de merecimientos, seguramente sentiría una gran simpatía por Adonis Rivas.
Cuando perdió con Pedro Alcázar en Panamá, escuché decir que “vimos otro Adonis”… Y yo me preguntaba: ¿Acaso hay otro Adonis del cual no me he percatado?
Adonis siempre fue el mismo, lo que cambiaban, eran los rivales con sus estilos diferentes… Frente a un hombre como Rosendo Álvarez, naturalmente veríamos “otro Adonis”, y contra un púgil tan flexible y dueño de un jab de izquierda fulgurante como el de Hermógenes Prado, tendríamos “otro Adonis”, diferente al “otro”.
Sus movimientos no pueden ser rápidos por falta de aceleración y necesidad de control… Su incomodidad en las sogas, ha sido algo fácilmente perceptible a lo largo de sus peleas… El pelear a portón abierto sin recursos para impedir la penetración de golpes tanto por el centro, como por los costados, ha sido algo obligatorio para poder ensayar descargas… Su falta de punch, ha saltado siempre rápidamente a la vista.
Contra un púgil elusivo y con mañas como lo era el fallecido Alcázar, o un adversario rápido de manos, dueño de buenas combinaciones, y capaz de poner encima el máximo de presión en la corta distancia, como lo es Narváez, las posibilidades de Rivas son casi inexistentes.
De manera que, no podemos sentirnos sorprendidos por lo que ocurrió la noche del sábado en el Luna Park… Fue simplemente la resultante de las limitaciones que siempre aprisionaron al leonés pese a su deseo de ir siempre “más allá”.
Si hay algo que me sorprende tanto como el nacimiento de un niño o el brote de una flor de la tierra desnuda, es ver como un púgil con las características de Adonis Rivas llegó a Campeón Mundial.
Ese es altamente meritorio, y por supuesto admirable… Parece improbable que usted y yo podamos ir “mas allá”, como lo hizo este muchacho bravo, modelo de conducta, humilde hasta la médula de los huesos y ansioso por ser alguien utilizando el boxeo como palanca.
“Eureka… Lo logré”, gritó Adonis en el Hard Rock de Las Vegas aquella noche cuando le arrebató el cinturón de las 115 libras a Diego Morales… Esa imagen, con el rostro del nuevo Campeón llorando, sorprendido de sí mismo y gritando: “Mamá, lo logré”, permanecerá por siempre en nuestras mentes y nuestros corazones.
FÁCIL PARA NARVÁEZ
-Rápido de piernas y manos, aunque sin poder, Narváez dispuso siempre del tiempo, la distancia y la tranquilidad necesaria para prevalecer.
-El mejor round de Adonis fue el tercero… Su bravura lo empujó a tomar el riesgo que implica ir a fondo sin preocupación del daño que podía recibir… Presionó, intentó, pero rebotó contra la serenidad de un púgil, que rápidamente, tomó las riendas del combate y las soltó.
-Verlo caer en el séptimo round, antes de ser sometido a un furioso bombardeo, hizo ascender nuestros corazones hasta las gargantas mientras un sabor amargo nos obligaba a movernos en las butacas.
-El entrenador Rigoberto Garibaldi daba órdenes, proponía variantes, pero ¿Cómo fabricarle recursos al leonés en medio de la tormenta?… Eso es imposible, y Garibaldi volvió a meterse en la botella.
-Que Adonis haya sido dos veces Campeón Mundial, nos dice mucho sobre los milagros que podemos fabricar con un derroche de esfuerzos… Gracias muchacho.