Bismarck A. Altamirano E.
Sin la lucha de la Contra apoyada por Estados Unidos, el régimen sandinista (apoyado por la entonces Unión Soviética, Cuba, Libia, etc.), estaría por celebrar 23 años en el poder radicalizando más el totalitarismo sin permitir la participación de otras ideologías mucho menos saborear esta insipiente democracia que estamos viviendo.
La pasada guerra civil en Nicaragua sirvió de campo de batallas entre los intereses expansionistas del imperio soviético y de la hegemonía mundial de los Estados Unidos. Como siempre los nicaragüenses pusimos la sangre y los muertos en ambos bandos.
El régimen sandinista con su control absoluto de las noticias, le oculta al pueblo nicaragüense y aún a sus propias fuerzas armadas, que la Contra había derribado a más de la mitad de sus aparatos soviéticos de la Fuerza Aérea Sandinista, muchos de ellos piloteados por cubanos.
La guerra civil de la Contra nunca se diseñó para derrocar al FSLN, sino para desgastarlo y presionar hasta llegar a la mesa de negociación.
Dos años después de los acuerdos de Malta, no había más ayuda para ninguno de los bandos; tiempo en que se dieron negociaciones, Contadora, Sapoá, Esquipulas I y II, Tesoro Beach, Tela, Toncontín, etc. los sandinistas llegaron al convencimiento que no recibirían más apoyo de la URSS y que la Contra tenía la capacidad para llevar el triunfo hasta Managua, obligando a aceptar la realización de elecciones donde estuvo involucrada la Unión Nacional Opositora (UNO), y el gobierno de los Estados Unidos escogiendo para la candidatura a la Presidencia a la Sra. Violeta Barrios de Chamorro.
De manera que en Nicaragua se celebra el triunfo de la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro, del ex presidente Arnoldo Alemán Lacayo, sin hacer ni siquiera un recordatorio de los miles de campesinos de la Contra que dieron la sangre y la vida para obligar a los sandinistas a un proceso electoral, que dio como resultado la democracia que hoy respiramos.
El 27 de junio de 1990, culminó la desmovilización, los miles de contras que depusieron las armas para decirle “sí” a Nicaragua y comenzar una nueva etapa en su vida; hoy día se encuentran en condiciones paupérrimas, algunos organizados en asociaciones buscando una oportunidad para poder sobrevivir, otros que quedaron mutilados por la guerra reciben una pensión miserable por su discapacidad que no les alcanza ni para comprar una cuarta parte de la canasta básica.