Rómulo Sánchez Leytó[email protected]
En Japón sus 123 millones vivieron la euforia del fútbol, celebraron los rendimientos de su equipo y sufrieron con su eliminación. Se olvidó la crisis y se pospusieron los desafíos económicos. “El país del sol naciente” sobrevive la tercera recesión de la década. En el 2001 el rendimiento económico descendió 1 por ciento. El yen se ha debilitado.
Actualmente se compran dólares para fortalecerlo. ¿Ha perdido la segunda economía del mundo su lugar en los inicios del siglo XXI?
En el 2001 quebraron 20 100 empresas, el mayor número desde hace 18 años. En los últimos 5 meses del 2002, las quiebras han sido superiores a 1600 por mes. El índice Nikkei alcanzó en 1989 los 39.915 puntos, hoy apenas 11.600 puntos. El endeudamiento público se elevó a un 115.5 por ciento del PIB en 1999, se espera éste año reducirlo a 105 por ciento. La deuda estatal es una cosa interna, y es financiada por el ahorro externo. El sistema financiero mundial no colapsará por Japón, dicen los optimistas.
La credibilidad crediticia de la economía nipona es considerada por US-Rating-Agentur Moodys, en los niveles de Israel o Súdafrica. La política económica no es suficiente para detener el empeoramiento de la deuda estatal. Las casas de seguro y los bancos, según datos oficiales, se sientan en una montaña de créditos de 375 mil millones de dólares. Hay un fondo al estilo keynesiano, de $US 140 mil millones de dólares para evitar que colapsen.
En Japón gobierna de facto desde el fin de la guerra, un sólo partido; el Liberal Demócrata. En él están la burocracia, la política y la economía estrechamente vinculadas. En muchos casos esto conduce inevitablemente a la corrupción. El caso de la construcción de obras públicas, se gasta más dinero del que presupuesta EE.UU para la defensa. Se construyen puentes que no “conducen” a ningún lugar y la isla con sus autopistas, es una selva de cemento y asfalto.
Muchos funcionarios públicos se jubilan entre 55-60 años para ocupar cargos de asesores en la economía, generalmente en la rama donde antes estaban ocupados. El compadrazgo sustituye al control y el cartel en lugar de la competencia. Privatización, desregulación y competitividad son las palabras mágicas también en Japón.
Los precios caen desde hace 4 años y la tasa de inflación es de -1.1%. A diferencia de otros países, en Japón prevalece la deflación. Lo que produce alegría a los consumidores, es un riesgo mortal para la economía. Las consecuencias son: las ganancias empresariales bajan, se produce desempleo, el consumo desciende y pocos se atreven a invertir. Cuando un país alcanza la tasa cero de interés o negativa, se cae en la “trampa de la liquidez”, ahí la teoría monetaria no funciona más.
El paro presenta una tasa de 5.2 por ciento (3, millones desempleados). Desde el final de la Guerra, la cifra más elevada. Bajo la presión de la globalización, la fidelidad incondicional de los trabajadores con las empresas desaparece, los jóvenes no se pueden dar el lujo de practicar tal virtud, como lo hacían sus padres. Ya no se concibe trabajar horas extras sin recibir nada a cambio, ni las empresas garantizan trabajo de por vida.
Sin embargo; todavía Japón con un ingreso per-cápita de US 37.700 dólares, supera los 22. 800 de los alemanes. A la par de los Porches, Ferrari, BMW y Mercedes Benz que ruedan por las autopistas de Tokio y otras ciudades; existen según cifras oficiales (conservadoras) unos 30 000 sin techo. Con la disciplina que les caracteriza, ordenan las champas de plásticos en las riberas de los ríos o a orillas del Yoyogi-Park en Tokio. La mayoría vive de los trabajos baratos para conseguir al menos el almuerzo. La sociedad tranquila, comienza a fracturarse.
Japón no se parece hoy en nada a la conocida “Sociedad Cerrada”; 3 de los grandes productores de autos son timoneados por consorcios extranjeros: Nissan por Renault, Mazda por Ford, Mitsubishi por Daimler Chrysler. Sólo Toyota y Honda mantienen su independencia. Hace tres años Nissan estaba al borde de la bancarrota, miles fueron despedidos, fueron eliminadas las sobrecapacidades, se cerraron fábricas. La Renault colocó a Carlos Ghosn para sanear, a inicio del año, se registraban ya ganancias record. No consideran que un japonés hubiera sido capaz de lograrlo. Al frente de Mitsubishi estará (actualmente vice presidente) un manager alemán Rolf Eckrodt, para cambiar las cifras rojas.
Sólo se espera que la reciente euforia futbolística, no sea otra sombra con resultados catastróficos, y por el contrario, “contamine” la reanimación y el nuevo ímpetu de la economía nipona. El coloso Japón concentra todavía el 60 por ciento del producto social de Asia oriental. Es evidente, que sin una renovación política y económica, no se encontrará la salidad a la crisis. El archipiélago dispone de disciplina, innovación, tecnología, inmensas reservas (humanas y monetarias) y voluntad para el éxito. ¿Despertará el samurai?
El autor es Doctor en Economía.