- Aunque las autoridades del Sistema Penitenciario Nacional sostienen que no hay privilegios para ningún reo, el estatus económico se encarga de establecer la diferencia en las celdas. Los ex funcionarios públicos que guardan prisión en la Modelo han hecho todo lo posible por obtener las mejores condiciones y hacer de la prisión un lugar para descansar, leer la Biblia y hasta meditar
Iván Olivares [email protected]
Desde que la “flotilla” de ex funcionarios públicos —que tiene a Byron Jerez como su elemento más visible— llegó a las cárceles de la Modelo, los ojos del país se han volcado sobre el Sistema Penitenciario, no sólo para confirmar que la mayoría de los acusados de corrupción están presos, sino para ver cómo los tratan y qué privilegios tienen.
A la primera reacción de sorpresa —“¡Vaya, era verdad que los echarían presos!”— siguió una de estupor, que rápidamente fue evolucionando a enojo, al saber que los famosos reos tendrían dentro de la cárcel la mayor parte de las comodidades que su dinero podría comprar.
Así se supo que algunos como Jerez habían mandado a instalar azulejos dentro de su celda, y hasta se habló de que tendrían televisión por cable, aire acondicionado, celular y conexión a internet.
Al final, la antena parabólica sí fue instalada, pero no en el complejo que ocupaban Jerez y sus colegas, sino que en la galera de reos mayores de edad; el aire acondicionado sólo fue permitido hasta que una juez lo autorizó; los celulares fueron retirados a los reos que ya los tenían, y una visita de la Procuraduría confirmó que las computadoras a las que los reos tienen acceso, no están conectadas a internet.
Pero sigue latente la sensación de que hay reos privilegiados dentro de las cárceles del penal de Tipitapa.
TRES POR CABEZA
Desde hace tiempo, las autoridades del SPN han dicho —y en entrevistas realizadas para este trabajo, así lo confirmaron su director interino, el subcomandante Carlos Sobalvarro, así como Arturo Harding, Ministro de Gobernación— que los reos que se ganen el derecho pueden introducir tres aparatos eléctricos, previa autorización.
Como las celdas son compartidas por dos personas, la mayoría se pone de acuerdo para sumar hasta seis aparatos eléctricos (los tres a que puede tener derecho cada uno), que normalmente son una cocina eléctrica, un abanico y un televisor, variando luego hacia radios o grabadoras, y en el caso de los más pudientes, pequeñas refrigeradoras.
El ministro Harding dice que, a sabiendas de que no pueden dar a los reos todas las condiciones que quisieran (él lo denomina aplicar el Máximo Común Múltiplo), tratan de establecer lo que llama Mínimo Común Denominador, de modo que todos tengan similares derechos.
Pero eso no es necesariamente cierto.
En primer lugar, porque es evidente que la inmensa mayoría de los 2,200 reos no pueden aprovechar la “oferta” que les hace el Sistema, y si lo hacen, serán pequeños electrodomésticos que harán falta en algún lugar de sus casas.
Un ejemplo de ello es el caso de Marlon Moisés Avilés Guadamuz, de 19 años, que está preso desde hace un mes, acusado de robo con intimidación y lesiones. Su compañera Mayra Elsa Castillo León, de catorce años, narró que tuvo que vender un televisor, la grabadora y materiales de construcción que habían acumulado, para pagarle al abogado que, de todos modos, “no ha hecho nada”.
Mayra dice que aunque le permitieran llevarle algún aparato a Marlon, de todos modos no podría, porque ya no quedó ninguno en la casita que compartían.
Otros casos que parecen contradecir la pretendida igualdad con que las autoridades del SPN tratan a los “reos pobres” y a los “reos ricos”, es el hecho de que algunos como el ciudadano estadounidense Bradley Draper, que tiene dos meses de estar preso, aún no recibe permiso para introducir un televisor “porque todavía no estoy condenado”.
Esa respuesta contradice los permisos que las autoridades del penal han otorgado a los nuevos reos de cuello blanco, que prácticamente desde el principio fueron autorizados a cubrir su cuota de tres aparatos por cabeza, y en el caso de Jerez, podría llegar hasta cinco, con la autorización judicial de que se le instale un aparato de aire acondicionado, y la petición de la defensa que quiere dotarlo de una planta celular.
EDUCADORES, NO JUECES
Al explicar la lógica con la que tratan a los reos, el ministro Harding recordó que “el Sistema Penitenciario no evalúa lo que la persona hizo afuera y por qué está aquí, sino cómo se comporta aquí adentro”, remarcando en que es el comportamiento dentro de las galeras —y no el crimen cometido— lo que determina las condiciones que tendrá cada reo.
Un ejemplo claro de ello es Oscar Espinoza Martínez. Bautizado por los medios de comunicación como el “Chacal del Reparto Schick”, después que asesinara a sus dos hijastros. Espinoza es un modelo dentro de la cárcel.
Al momento de la visita de LA PRENSA, el reo trabajaba en una computadora propiedad de la Pastoral Penitenciaria. Oscar explicó que llevaba un control de “los hermanos que participan de la catequesis, los rezos, las meditaciones, retiros y seminarios”.
Dijo que gracias al permiso de las autoridades del penal, él tiene un abanico, una grabadora, una cama y un televisor en su celda, por lo que “estoy muy agradecido”.
REGLAS
Las autoridades penales tienen muy claro qué es lo que se le puede llevar a un reo y qué no.
-Entre las cosas permitidas están el queso, pan tostado, mortadela, avena, leche, pinolillo, azúcar, arroz, tortilla tostada, crema, espagueti, mantequilla, cebollas, tomate, gaseosas, caramelos, chorizo, frijoles, jugo de caja (no enlatados ni de vidrio) y cigarros.
-También, jabón (de baño, para lavar ropa y para lavar trastes); pasta y cepillo dentales, detergente, fósforos, pinesol y azistín.
-Otras cosas permitidas son las tarjetas telefónicas, ropa interior, pantalones cortos y camisetas azules, comida elaborada, sábanas, toallas, colchones, zapatos y chinelas, con la recomendación especial de controlar a los niños que pasan más allá de los muros de la prisión.
-La única forma en que el dinero puede entrar “legal”, es depositándolo en alguno de los bares que operan dentro de la cárcel, donde queda en depósito para que el “cliente” retire productos hasta por la cantidad total. La idea es evitar que haya robos o algún otro delito mayor por causa del dinero.
-Entre las cosas prohibidas se cuentan los termos, camisetas con eslogan, carteras para mujer, cámaras de cualquier tipo (por seguridad), gorras y lentes de lujo (podrían sustraérselos). También: bolsos de “macén”, canastas de nylon, enseres de vidrio o metal, pañoletas y baldes plásticos, porque estas cosas pueden convertirse de alguna forma en algún tipo de arma.
-Tampoco se puede llevar piña, chicha, tamarindo y cítricos (porque son corrosivos), ni chile, almíbar y maíz.
NOTICIA RELACIONADA
Dificultades para entrar