- La situación de pobreza de sus lugares de origen los obligó a buscar nuevos horizontes, pero regresaron a su tierra natal en peores condiciones
- n “Creo que mis hijos no tienen ningún futuro, porque las autoridades que he visitado ni siquiera plástico me quisieron dar”, se lamenta Guadalupe Rodríguez Moreno
Adolfo Olivas OlivasCORRESPONSAL/[email protected]
La situación de pobreza de sus lugares de origen les obligó a buscar nuevos horizontes en otros sitios, pero lamentablemente retornaron a su tierra natal en peores condiciones que cuando abandonaron sus comunidades.
El auge del tabaco incentivó al matrimonio, integrado por Guadalupe Rodríguez Moreno y María Antonia Melgara, para que abandonara el municipio de Quilalí (Nueva Segovia) y se trasladara a la ciudad de Estelí.
Las esperanzas que anidaban en sus mentes se vieron frustradas porque en esta ciudad norteña carecían de una vivienda propia y todas las ganancias las utilizaban en el alquiler de una pequeña casa, pago de agua, energía eléctrica y demás gastos.
Cobijado por la miseria, agobiado por la enfermedad de sus hijos y atrapado en una choza sin asomo de un futuro esperanzador, el campesino Rodríguez Moreno se lamentó: “Yo me cogí este pedacito de carretera, ya que nadie me dio un lugarcito donde hacer una casita para criar a mis hijitos”.
Frente a su casa y del otro lado de la carretera se observan grandes plantíos de maíz y frijoles, sin embargo afirma: “Yo no pude sembrar ni siquiera una mata de maíz, porque no tengo ni una pulgada de tierra, yo trabajo como jornalero para que mi familia medio coma”.
“Creo que mis hijos no tienen ningún futuro, porque las autoridades que he visitado ni siquiera plástico me quisieron dar, el plástico lo conseguí a cambio de trabajo y otro que me lo regalaron unos señores de Wiwilí y Estelí”, dijo.
MARGA EXPERIENCIA
“Ni siquiera ajustaba para darle de comer a mis hijos y entonces decidí regresar a mi lugar de origen”, relató don Guadalupe Rodríguez Moreno, quien construyó una “champita” de plástico a orillas de la carretera, en el lugar conocido como la “Cuesta de la Gallina del Arenal”, a 10 kilómetros de Quilalí
SINSABORES DE LA CRISIS CAFETALERA
Para María Córdoba Martínez, las labores culturales en los cafetales de Matagalpa fueron durante muchos años la principal fuente de trabajo, pero ante la caída internacional de los precios del grano de oro, decenas de familias cayeron en desgracia porque los cafetaleros carecían de los recursos financieros para continuar con el empleo de los obreros.
-Envueltos en la crisis cafetalera, ella junto a su esposo e hijos abandonaron la finca la Colonia, en el municipio de El Tuma-La Dalia, para retornar a su lugar de origen en Palacagüina, del departamento de Madriz.
-A su retorno lograron que un familiar les facilitara una choza en el sitio conocido como “Mala Ladera”, a escasos kilómetros de Palacagüina, sobre la carretera a Telpaneca.
-“Con unos centavitos que traía de la finca la Colonia compré maíz y me dedico a palmear y mando a vender tortillas para sobrevivir, mientras mi esposo consiguió unos terrenitos para sembrar a medias con el dueño de la tierra”, expresó.
-La señora Córdoba Martínez se quejó en gran manera, debido a que sus hijos se hallan enfermos con dolor en todo el cuerpo. “Ahora ya ni los llevo al Centro de Salud, porque no hay medicinas y sólo recetas nos dan”, afirmó la inmigrante.
-De sus cuatro hijos tres van a la escuela. “A como puedo los mando a clases tal vez ellos se preparan, porque nosotros que vivíamos del café prácticamente estamos en la calle”, aseguró.
-Estas dos familias que se han ubicado a orillas de la carretera, nada más son un ejemplo palpable de la lamentable situación que atraviesan los obreros agrícolas nicaragüenses, agudizada con la crisis cafetalera causada por la baja internacional de los precios del café.