Muchos de los “grandes” salieron por la puerta de atrás, como lo ilustra la dramática gráfica con Luis Figo de Portugal.

El cementerio de elefantes

Hugo Ruiz OlazarAFP ULSAN.- Como la isla del tesoro, el cementerio de los elefantes es uno de los misterios más curiosos de la fantasía literaria. Hoy, en la Copa del Mundo Corea del Sur y Japón 2002, los espectadores se preguntan, “¿es Asia el cementerio de los elefantes?” Es una referencia, en sentido figurado por […]

Hugo Ruiz OlazarAFP

ULSAN.- Como la isla del tesoro, el cementerio de los elefantes es uno de los misterios más curiosos de la fantasía literaria.

Hoy, en la Copa del Mundo Corea del Sur y Japón 2002, los espectadores se preguntan, “¿es Asia el cementerio de los elefantes?” Es una referencia, en sentido figurado por supuesto, al revés que han sufrido costosas—otrora imbatibles—selecciones europeas y latinoamericanas como Francia, Italia, Portugal, Argentina y México.

Rivales sin historia como Senegal, Corea del Sur y Turquía, les perdieron el respeto, los despertaron y los mandaron a casa antes del amanecer.

Sus patrocinadores lloran su frustración por haber perdido negocios que apostaban con seguridad a las finales.

La preparación física, mucho empeño y sobre todo ganas de jugar y mojar la camiseta—también mucha suerte, desde luego—fueron claves para doblegar a los tradicionales gigantes del fútbol mundial, abatidos de antemano por tantos partidos hasta en la sopa, glorias deportivas y publicidad exageradas.

Con el campeonato asiático, el fútbol ha mostrado su gran evolución y que este deporte ya terminó de circunscribirse a Europa y Latinoamérica, hecho que pone en peligro los negocios de pingües resultados que rodean al mercado del fútbol.

“No es suerte sino la madurez de una práctica que ha costado años cultivar”, resume el veterano ex seleccionado de EEUU Alexi Lalas, en un comentario publicado en el USA Today.

La técnica es “cuerpo y mente”, es decir, preparación física e inteligencia para manejar los partidos.

Para el mimado de los coreanos, el técnico holandés Guus Hiddink, la técnica es la misma: preparación física, “ganas de jugar y de ganar para alegrar a todo un pueblo”.

En una conversación informal en el centro de prensa del estadio World Cup de Ulsan, Hiddink dice que en el caso de los ‘diablos rojos’ coreanos le ayuda su gente, cada vez más entusiasmada, que no para de alentarlos aún en la adversidad.

Los italianos Christian Vieri y Del Piero decían antes del partido que perdieron, que aprovecharían la baja estatura de sus rivales. Los vencedores de ese partido hoy tal vez podrían decir: “Nos aprovechamos de la altura de los italianos”.

En el fútbol de hoy, todo es posible, nada está predeterminado y los ejemplos cunden por doquier.

Que lo digan franceses, italianos, argentinos, uruguayos, mexicanos, portugueses o belgas, que probaron el trago amargo de la derrota y del regreso sin gloria a casa.  

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