La industria nicaragüense en tiempo y forma

Guillermo Cárdenas Montalbán Nicaragua a través de su historia ha pasado por diferentes etapas complejas y confusas en el aspecto de su evolución industrial, la cual no le ha permitido desarrollar este sector con soltura y definición del contexto económico y social. A mediados del siglo pasado Nicaragua llevó a cabo cambios estructurales dentro de […]

Guillermo Cárdenas Montalbán

Nicaragua a través de su historia ha pasado por diferentes etapas complejas y confusas en el aspecto de su evolución industrial, la cual no le ha permitido desarrollar este sector con soltura y definición del contexto económico y social. A mediados del siglo pasado Nicaragua llevó a cabo cambios estructurales dentro de su economía debido a la formación del mercado común centroamericano (Mercomún), lo que trajo como resultado que la industria se expandiera en los años sesenta y setenta apoyada en la integración centroamericana cuyo principal fundamento lo constituía la sustitución de importaciones, el fomento del mercado intrarregional y la atracción de capital extranjero.

El sector industrial creció a una tasa del 14 por ciento durante los años de 1960-1965, empezando a disminuir en los años 70 en una tasa anual que osciló en 6.0 por ciento y 4.6 por ciento en el período de 1975 y 1978.

A inicios de la década de los 80 se implementó el plan de reactivación económica, que pretendía lograr la independencia económica y la reducción de la brecha externa, integrando para ello los sectores agropecuarios e industriales priorizando siempre la sustitución de importaciones. De tal forma que en 1983 se inician proyectos agroindustriales de elevada relevancia de los cuales sobresalieron proyectos lecheros (Chiltepe), azucareros (Victoria de Julio), palma africana (en la Costa Atlántica) y de alimentos.

Sin embargo, el plan dentro de su desarrollo se vio afectado por muchas limitantes de un modelo económico centralizado, la caída de los precios del algodón y por las causas coyunturales que dieron origen a una situación deficitaria en cuanto al comercio exterior adhiriéndose la escasez de divisas y la hiperinflación.

Esto trajo como consecuencia que las importaciones del sector se incrementaran durante el período de 1977-1987, las exportaciones reales experimentaron una caída del 75 por ciento, dada la baja productividad y las limitaciones de divisas, producto de la falta del mercado norteamericano.

En 1988 el agudizamiento del conflicto bélico afecta las políticas económicas que estaban orientadas a corregir los grandes desequilibrios macroeconómicos. En 1990 el parque industrial vivió un trauma debido al proceso de transición de una economía centralizada y de férreo proteccionismo a una economía social de mercado.

En este contexto la competitividad de la industria nicaragüense fue catalogado en un informe de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) como de “destrucción exagerada más que creativa”; de las empresas establecidas en esta época fueron más las empresas que cerraron que las que salieron beneficiadas. Aspecto preocupante si consideramos que el parque industrial de un país es parte fundamental de su patrimonio.

En el caso de Nicaragua el agotamiento se produce por causas muy semejantes a otros países latinoamericanos donde los factores que afectan la capacidad competitiva de la industria de los países pequeños y medianos con grados intermediados de industrialización, tienen que ver fundamentalmente con las dimensiones de sus mercados internos, con el poco nivel de sus ingresos, con las deficiencias de su plantel industrial, con la difícil capacidad de llevar a cabo producciones competitivas a nivel interno y externo. Esto como resultado de la poca productividad y costos elevados como producto de las desventajas estructurales y del débil desarrollo diversificado de la industria como consecuencia de la promoción privilegiada de las grandes industrias en serie del extranjero.

En junio de 1993 con la colaboración de la ONUDI (Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial) se publicó el plan de reconversión industrial, el que se fundamentó en las premisas de elevar la productividad y competitividad teniendo como motor a la iniciativa privada.

Las políticas para el sector industrial se basaron en la diversificación y fomento de su actividad según la diversidad de la oferta del ecosistema.

Indudablemente que el proceso de reconversión industrial se tornó lento y complejo, por la falta de una red de servicios y producciones auxiliares que permitirían una producción fluida, por otra parte el cambio de una actitud hacia la producción provino del sistema educativo e implicó un cambio en la mentalidad en la que el empresario debía comprender que la competencia externa legal o ilegal sería su entorno definitivo, teniendo que alcanzar niveles superiores como estrategia de supervivencia.

En el transcurso de los años noventa el plan tuvo múltiples limitantes y un obstáculo que siempre han tenido los proyectos en este país, cuando cambian los gobiernos cambia todo, impidiendo que los planes y proyectos llegue a su plenitud.

A pesar de los inconvenientes anteriores se han podido recoger frutos del plan implementado, tanto así que de acuerdo al coeficiente “Gini” (Indicador cuantitativo de la desigualdad) Nicaragua figura en América Latina dentro de los países de mejor distribución de la “riqueza” y como el mejor en Centro América después de Costa Rica (Informe del Banco Mundial 1998). Esta ubicación fue producto de la acertada decisión de impulsar el desarrollo industrial del país concentrándose en las Pymes industriales, las cuales tienen un potencial de desarrollo relevante, como la abundancia de recursos naturales, la tradición artesanal de bajo costo de la mano de obra y la concentración geográfica y sectorial de los Pymes en algunas ciudades del país.

Hoy Nicaragua se encuentra en las puertas de un nuevo siglo y con ello muchas perspectivas para el desarrollo industrial, el cual debe ser inseparable del avance científico y por tanto de la industrialización. Sin una fuerza de técnicas y programas de industrialización Nicaragua permanecerá siempre como comprador y receptor de ayuda internacional.

Para los países desarrollados la industria constituye el pilar fundamental de sus economías, la base primordial creadora de capital, lo cual los ha llevado a situarse en las cimas por la acumulación de riquezas.

En Nicaragua el contexto es diferente, nuestro país depende en su mayoría de la actividad agrícola. Pero hay que estar claros que el camino de la industrialización es el idóneo para llegar al desarrollo. Esta tarea puede ser quizás ardua, agotadora y tome algún tiempo, sin embargo la industria es un elemento clave para lograr el desarrollo integral de un país, en ella se producen máquinas y equipos, elementos de construcción de edificios e instalaciones para todas las ramas de la economía. Se efectúan las extracciones de toda clase de materiales, la transformación de materias primas minerales, vegetales y animales y la producción de diversos artículos de uso y consumo popular.

La participación debe ser cada vez más creciente de la industria en el desarrollo, para crear las condiciones propicias para lograr un nivel de bienestar digno, capaz de beneficiar a toda la población.

Si Nicaragua aspira a construir una sociedad con mejores oportunidades, debe trabajar por su industrialización, debe ir construyendo su plantel industrial que responda a sus necesidades básicas de alimentación vivienda, vestuario, salud, etc.

Para fomentar la tarea de industrializar el país se debe aprovechar la capacidad artesanal de un importante sector de la población activa en cuanto a la destreza manual e inventiva del diseño y del uso de materiales. A la par de esto mejorar los niveles de calidad que han provocado serios problemas para el acceso a mercados extranjeros.

Estamos en el tercer milenio donde la competitividad a raíz de la globalización exige desarrollar estrategias industriales colectivas con mayor desarrollo en productos que en procesos. Estas exigencias serán cada día mayores y el gobierno debe respaldar el proceso industrial mediante la creación de centros de diseño, sistemas de información, laboratorios de calidad, inteligencia de mercado, creación y adaptación de tecnología, además la implementación de incentivos financieros y económicos que fortalezcan la competitividad regional y mundial.

El autor es Economista y Profesor de Economía de la Universidad de Occidente, León.  

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