Fernando A. Malespín Ferreti
Nicaragua llora silenciosamente junto a sus hijos la destrucción de su realidad integral como nación. Su cultura fue sacudida y el tesoro acumulado en el corazón y la mente de los nicaragüenses saltó en mil pedazos y en cada hogar cundió el asombro.
El destino de la nación y por ende el de los nicaragüenses recibió impactos destructivos como el odio, la inmoralidad, la corrupción y la envidia.
Los caciques que irrumpieron en la historia de la nación cerraron las puertas de la prosperidad material y moral de Nicaragua. La inmensa mayoría ciudadana ha sido afectada y no encuentra el camino de la superación de sus múltiples problemas.
¿Quiénes son los culpables de la tragedia? Todos los conocemos pero muchos no se atreven a reclamar porque resultaría inútil, están atrincherados en la impunidad que les brinda la Asamblea Nacional.
La lucha frontal del pueblo debe ser contra la impunidad. No es posible que dos caciques y compañía se burlen de la justicia y mantengan secuestrado al pueblo nicaragüense por medio de un pacto oprobioso.
Don Enrique hace lo que puede, pero es insuficiente; el pueblo está obligado a salir a las calles a ganar la batalla definitiva como lo hizo en las urnas, para que los culpables de la tragedia nacional sean encarcelados y dejen gobernar el país.
Nicaragua llora silenciosamente pero sus hijos recuperarán con hidalguía su realidad integral e histórica.