Edgard Rodríguez C. [email protected]
No sé a quién se le ocurrieron todas las variantes que se aplicaron, pero después de observar el regreso del público a los estadios y apreciar un renovado entusiasmo entre los aficionados, no tengo dudas que la temporada de béisbol que recién ha concluido, resultó una genialidad.
No he hablado de aspectos cualitativos porque ahí habría que pensar en otra discusión. Pero si el béisbol, al igual que la poesía o una taza de café, sirve para el placer, cumplió su cometido. Esta vez gustó, más allá de las limitaciones que presentó cada club en cuanto técnica y talento.
Abrir espacio para jóvenes valores permitió el progreso de una refrescante ola de chavalos que darán que hablar próximamente. Muchos pensábamos que se afectaría el espectáculo. Y quizá sí ocurrió eso. Pero el entusiasmo en las gradas no mermó porque se logró una liga balanceada.
Esta temporada nos mostró a un Bóer, que a base de pitcheo, pero sobre todo a base de corazón, alcanzó la cúspide del béisbol nacional. Este Bóer es uno de los campeones más discutibles que se pueda tener. Pero su garra y su tenacidad sin límites le hicieron saltar sobre los demás.
Y ese entusiasmo que se captó en la temporada, aumentó en proporciones geométricas durante la Final que acabó este domingo. Vimos cerradas batallas entre Chinandega y Bóer, pese a que en términos objetivos, los occidentales parecían mejor armados para imponerse ante la tribu.
Sin embargo, en lo impredecible radicó la grandeza de este campeonato. Nos pasamos elogiando la defensiva del Chinandega y al final por ahí se hundió el equipo. Argelio Córdoba dirigió para ganar y su conjunto fue vencido. Alejandro Noguera no era un “as” y al final fue el mejor.
En fin, fue ésta una campaña para el placer, para disfrutarla. ¿De qué nos han servido temporadas hasta con jugadores extranjeros de relativa calidad y las tribunas vacías? Ahora volvió el público, se desarrolló a chavalos y los aficionados sabían que sus equipos tenían chance de imponerse.
De esta liga, lo único que lamentamos es que aún se manosee a los árbitros y que hayan botado a Argelio, justo cuando realizó uno de sus mejores trabajos.