Las acciones del Mundial de Fútbol son seguidas por millones de aficionados a través de internet.

Mundial por internet

Direcciones electrónicas ofrecen imágenes Nicolás CasariegoEL MUNDO ESPAÑA.- Hay varios motivos por los que este Mundial asiático es especial. Por primera vez, aficionados mercenarios animan a selecciones que representan a países que difícilmente sabrían ubicar en un mapa, los horarios coinciden con la jornada laboral en el Viejo Continente y, mientras numerosos equipos tradicionalmente fuertes […]

  • Direcciones electrónicas ofrecen imágenes

Nicolás CasariegoEL MUNDO

ESPAÑA.- Hay varios motivos por los que este Mundial asiático es especial. Por primera vez, aficionados mercenarios animan a selecciones que representan a países que difícilmente sabrían ubicar en un mapa, los horarios coinciden con la jornada laboral en el Viejo Continente y, mientras numerosos equipos tradicionalmente fuertes están a punto de caer, la selección española parece haber olvidado su atracción por el abismo y avanza tranquila hacia los octavos.

Pero quizá lo más curioso sea que, si en los primeros mundiales los aficionados sufrían arremolinados alrededor de un aparato de radio, y a partir de los años 50 lo hacían frente a un televisor, ahora, en muchos países de Europa, muchos disfrutan de los partidos pegados a una pantalla de ordenador.

Porque si hablamos de regates, no sólo existen los de Raúl, Ronaldo o Totti. Los piratas informáticos, poco satisfechos con las ofertas de la plataforma digital de pago que ofrece el Campeonato, y menos aún con la insoportable y raquítica cobertura de la cadena que emite en abierto, han colgado en Internet varias direcciones que permiten seguir gratis y en directo el espectáculo. Basta con tener una buena conexión y un ordenador para burlar los sistemas de protección.

Un partido visto en Internet es extraño. La imagen, por su mala definición, recuerda a la de un juego de ordenador y transmite una sensación de irrealidad “naif”. Salvo en los primeros planos, parece que estamos delante de una pintura en movimiento que carece de riqueza cromática y cuyos trazos son empastados.

En ocasiones la información no llega a la velocidad deseada y la imagen se detiene dejando al espectador con el corazón en un puño.

Durante unos instantes el partido avanza de un modo sincopado, como si de un reportaje fotográfico se tratara, hasta que de repente se recupera y los jugadores, ahora muñequitos de videojuego, vuelven a correr tras el balón.

Eso sí, el espectador, generalmente un esforzado oficinista que ha sustituido el pincho de tortilla por unos minutos de fútbol, no debe olvidarse de vigilar de reojo la posible llegada de su jefe. Sólo en caso de que España llegue lejos el empleado podrá pegar sin miedo un grito cuando el muñequito de Raúl meta un gol histórico. Entonces, al jefe y al empleado les dará un síncope mientras ven este mundial sincopado, el primero de la era Internet.  

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