- Tras el ignominioso fin del sistema totalitario en 1989, los ex comunistas han recuperado espacios de poder en Alemania
- Admiten que la RDA fue un Estado represivo, pero aún defienden algunas viejas tesis económicas
Alberto L. Alemán [email protected]
ÚLTIMA DE 4 ENTREGA, BERLÍN.- Tras la caída ignominiosa del socialismo real en la República Democrática Alemana, los ex comunistas comenzaron un lento camino a su renacer a través de explotar el descontento de muchos alemanes orientales con una nueva realidad.
En 1990, nadie daba un comino por ellos. Bajo la consigna “Libertad o Socialismo”, el partido del Canciller de la República Federal de Alemania, Helmut Kohl, la Unión Democrática Cristiana (CDU) arrasó en las primeras elecciones democráticas en los nuevos “Länder” (estados) de la federación.
Los alemanes orientales, cansados de 40 años de represión, entraban felices a una nueva era en la que esperaban que el bienestar debía llegar rápido. Sus expectativas eran exageradas a todas luces. La transformación empezó a exigir altos costos económicos y humanos y sus víctimas fueron millones de empleados de irrentables empresas estatales.
La situación de desencanto creó las condiciones para el retorno de los ex comunistas agrupados en un nuevo partido, el Partido del Socialismo Democrático (PDS), heredero del comunista Partido Socialista Unificado Alemán (PSUA).
Reagrupados bajo el liderazgo de Gregor Gysi, un joven ex miembro del PSUA, telegénico y con carisma, quien no llegó a descollar en la RDA, el partido comenzó a reconquistar poco a poco espacios en el Este de Alemania.
Desde la reunificación en 1990, el partido se anotó dos importantes victorias políticas que lo han convertido en una fuerza importante en la nueva escena política: entrar al Parlamento Federal, superando la cláusula del 5% del voto nacional, y entrar a la coalición de gobierno en la ciudad-estado de Berlín.
Gysi mismo es ahora un senador y el ministro de Economía en dicha administración local. LA PRENSA solicitó una entrevista con Gysi a mediados de abril, pero su vocero nos comunicó que por su agenda apretada hasta mayo, no podía recibirnos.
La entrada al gobierno berlinés creó una polémica pública en Alemania, sobre el sentido moral de que el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), una tradicional fuerza política occidental democrática, aceptara cogobernar con los poscomunistas desde finales de 2001.
La plataforma del PDS es una mezcla de viejos postulados económicos marxistas, con abundantes referencias a la “lucha de clases” y a la “explotación”; sin embargo, sus líderes conceden que la RDA fue un país donde se suprimieron las libertades políticas ciudadanas y represivo, y que el nuevo “socialismo democrático” que propugnan, daría tanta importancia a los derechos políticos como a los económicos y sociales.
Según el programa del partido, éste se propone construir un sistema económico con justicia social, donde la economía de mercado y la competencia va a la par de la “responsabilidad social”.
Su estrategia enfatiza captar y promover a jóvenes y a las mujeres.
El PDS es, ante todo, una fuerza regional, que cuenta con un 20-25% del electorado en Alemania del Este, en dependencia del Estado. En Occidente, predominan la CDU, el SPD, los Verdes y el FDP, o Partido de los Demócratas Liberales.
UN FEO PROGENITOR
La desintegración de Pacto de Varsovia y del bloque soviético fue el fin de toda una época histórica que había comenzado poco después de la derrota nazi en 1945, un cambio tan radical que para los historiadores representó el fin real del siglo XX.
La República Democrática Alemana (RDA) nació en 1949, poco después de la formación de la República Federal Alemana (RFA), el estado germano occidental. Se formó en el territorio de lo que fue la zona de ocupación soviética.
La fuerza gobernante de este país, siguiendo el modelo soviético, fue el Partido Socialista Unificado Alemán (PSUA en español, SED en alemán). Como en otras sociedades similares, el poder de decisión real mayor lo tenía el secretario general del partido.
Walter Ulbricht fue el primer secretario general del PSUA, gobernando desde 1949 hasta 1971 con puño de hierro, adoptando un estilo de confrontación con Occidente.
La sentencia de muerte política de Ulbricht vino en ese año, cuando la Unión Soviética (URSS) optaba por una política de mayor distensión y por haber dado ciertas muestras de independencia. Ulbricht fue apartado del poder.
Le sucedió Erich Honecker, quien gobernó hasta 1989, cuando las protestas sociales habían llegado a desequilibrar el sistema. Aunque Honecker era más inclinado a cooperar con el Oeste, el sistema conservó los rasgos estalinistas que lo hicieron uno de los regímenes más conservadores tras la Cortina de Hierro.
Tras la renuncia de Honecker, el 18 de octubre de 1989, el puesto fue asumido de manera fugaz por Egon Krenz. El 3 de octubre de 1990, deja de existir la RDA.
Ésta tuvo así sólo tres secretarios generales, uno de ellos efímero. En contraste, Polonia tuvo hasta cinco en el mismo tiempo. La mismísima URSS, seis.
La principal base del gobierno comunista alemán fueron el apoyo de la Unión Soviética y el trabajo de la policía política, la Stasi, que invigilaba muy de cerca de todos los ciudadanos de la RDA, labor desempeñada de forma escrupulosa hasta su disolución, prácticamente a la par del fin del estalinismo honeckeriano.
RECONOCIMIENTO DE ERRORES
En una entrevista con LA PRENSA, la presidenta del PDS, Gabi Zimmer, admitió que en la RDA los Derechos Humanos fueron violados y que el régimen fue antidemocrático.
ADEMÁS:
Gabi Zimmer: “Fue un error fundamental menospreciar las libertades políticas”
¿Qué pasó con los responsables del Muro de Berlín?