Meter las patas

Edgard Tijerino M. [email protected] Fabian Barthez, el efectivo y pintoresco arquero francés, nos demostró ayer que “meter las patas”, como decimos popularmente en un lenguaje de parada de buses que perfectamente entienden los intelectuales, no es siempre algo negativo… Justamente dos oportunas y precisas “metidas de pata” de Barthez, una en el primer tiempo, y […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

Fabian Barthez, el efectivo y pintoresco arquero francés, nos demostró ayer que “meter las patas”, como decimos popularmente en un lenguaje de parada de buses que perfectamente entienden los intelectuales, no es siempre algo negativo… Justamente dos oportunas y precisas “metidas de pata” de Barthez, una en el primer tiempo, y otra en el segundo, evitaron lo que hubiera sido una derrota “matadora” para el equipo que encabeza el ranking mundial de la FIFA… Prácticamente vencido, Barthez “metió la pata” y rechazó milagrosamente una pelota con sello de gol en el primer tiempo, y por expirar el juego, cuando el fuego se agotaba, en una entrada de Magallanes, con una posibilidad de gol pintada con maestría de Renoir, volvió Barthez a “meter la pata” en otro alarde de reflejos, y frustró la más grande posibilidad de Uruguay… Así que, lo de “meter la pata”, depende. Si lo vamos a hacer como Barthez, qué bueno, porque estaríamos siendo útiles.

ANSIOSO POR REIVINDICARSE

Está David Beckham, el formidable jugador de Inglaterra, que por descarrilarse pateando al argentino Diego Simeone, fue expulsado durante la última batalla mundialista entre estos equipos… Beckham espera funcionar hoy cuidándose de no salirse de sus casillas, y ser un gran respaldo para el habitualmente mortífero Michael Owen… Entre una larga lista de expulsiones trascendentales, la primera que se nos aparece en la mente, es la del argentino Rattin en Londres, Inglaterra, en 1966… Está también la expulsión de Garrincha antes de la final del 62, pero con una variante abierta a discusiones, y es Havelange consiguió, de alguna manera, que el artista del dribling, regresara a la alineación.

ROSSI, EL MALDITO

En 1980 Paolo Rossi fue suspendido a causa de su presunta participación en un circuito de apuestas ilegales. El lío, que terminó con el Lazio en Segunda división, no impidió que dos años más tarde, Rossi se convirtiera en la sensación del Mundial de España. Si bien la Selección de Italia había alcanzado un digno cuarto puesto en Argentina, cuatro años después, nadie la tenía de candidata al titulo. Italia proclamó su candidatura en segunda fase, cuando apabulló en el Estadio José Sarriá de Barcelona a Argentina y luego a Brasil.

Fue precisamente el duelo contra los Brasileños el que simbolizó el crecimiento de los italianos, particularmente de Rossi, encargado de anotar tres goles que significaron el paso a semifinales, donde darían fácil cuenta de Polonia.

“Los tres goles a Brasil siguen provocándome emoción”, dijo hace poco Rossi a la Revista

GÍRESE, PACIENTE

Pocos tipo, han tenido la paciencia de Alain Gírese. El pequeño volante de Girondis Bordeux debió esperar ocho años para jugar una Copa del Mundo. En 1974 aparecía entre los seguros, pero Francia quedó fuera en la fase previa. Cuatro años más tarde Michel Hidalgo no lo consideró entre los 22 que fueron a Argentina, porque su estrella la habían opacado Michel Platini, Henri Michel y Jean Petit. Fue hasta en 1982, con 30 años a cuestas, debutó en un Mundial, claro que en la caída frente a Inglaterra por 3-1. No sólo por eso es recordado en esa Copa; también porque fue autor del gol ante Kuwait que luego anuló el emir Al Sabah. Gírese jugó luego en México 1986, después no volvió a ser considerado.

La derrota ante Alemania por 2-0 fue la última ocasión cuando defendió a los Bleus. Su balance es de seis victorias, cuatro empates y dos derrotas, amenizadas con tres goles.

UN ENEMIGO RECURRENTE

Una primera inspección podría hacer suponer que Escocia es el oponente mundialista que más ha repetido Brasil. Dos duelos inaugurales (1974 y 1998) y otros tantos en primera fase (1982 y 1990), hacen suponer que escoceses y brasileños se conocen de memoria. Pero Escocia no tiene el récord. En siete ocasiones, Brasil ha debido ajustar cuentas con Suecia.  

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