Mes especial

Hugo Ramón García “Brindo por la mujer, más no por ésa en la que halláis consuelo en la tristeza rescoldo de placer, ¡desventurados!… No por ésa que os brinda sus hechizos cuando besáis sus rizos artificiosamente perfumados” (Guillermo Aguirre y Fierro). Mayo, es por tradición, un mes especial. Es la época en la cual se […]

Hugo Ramón García

“Brindo por la mujer, más no por ésa en la que halláis consuelo en la tristeza rescoldo de placer, ¡desventurados!… No por ésa que os brinda sus hechizos cuando besáis sus rizos artificiosamente perfumados” (Guillermo Aguirre y Fierro).

Mayo, es por tradición, un mes especial. Es la época en la cual se rinde a los pies de María incienso y flores como una muestra de devoción a su incomparable castidad. Es el tiempo que con el trinar de los pájaros en el bosque se enciende una ilusión y motiva al alma para conocer y valorar lo grande de la naturaleza como efecto de una infinita creación.

Mayo tiene la grandeza de lo más sublime,el encanto de una primavera cuando el corazón palpita de alegría recordando con veneración a la más sincera de las mujeres; a las que poseen el don de la ternura sin buscar recompensa alguna.

La madre es sinónimo de castidad. Solamente ella puede dar el auténtico amor; y en ese sentido nadie le supera su inobjetable sentimiento, porque para ofrecerlo vino dotada de una excepcional condición que le permite dar testimonio de lo que realmente es, y de lo que significa en el misterio de la vida.

Una madre desde el amanecer, cuando la aurora pinta en el horizonte los destellos de un nuevo día, hasta que cae en su ocaso, se muestra atenta a sus rutinarias obligaciones. Tiene por principios un excepcional apostolado que la santifica a su máxima expresión y por la semejanza de su humanidad nadie la releva, ni la sustituye, y sus lágrimas cual prosas de inspiración contienen la grandeza de su espíritu conciliador.

A lo largo de la geografía nacional atraída por la roja flor de los malinches, los nicaragüenses rinden tributo a una persona singular a la que por su gracia, y sus merecimientos se ha quedado para siempre en los corazones de quienes entrañablemente la aman en este mundo abatido por tantas pequeñeces, y por la que ha precedido en el viaje eterno, una oración de consuelo sobre el silencio que recoge su amado recuerdo.  

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