AFP
BOGOTÁ.- Aguerrido, polémico y liberal hasta los tuétanos, Horacio Serpa, un abogado de 59 años, es el único candidato de los partidos tradicionales que disputará el domingo la Presidencia de Colombia, por segunda vez, y con una obsesión que lo hizo el más incisivo de los aspirantes.
A la usanza de las plazas públicas de antaño, con su puño en alto golpeando en el aire y una voz vibrante inconfundible, Serpa enfiló su discurso más punzante contra el derechista Álvaro Uribe, puntero en las encuestas, a quien señaló como el candidato de los paramilitares y del presidente conservador Andrés Pastrana.
Tras haber labrado cuidadosamente una imagen de estadista, Serpa debió encarar el ciclo inverso que vivió Uribe al ver cómo, tras liderar las encuestas desde que anunció su nueva candidatura presidencial, su popularidad colapsó hasta caer a un 23 por ciento en uno de los últimos sondeos de intención de votos contra un 49 por ciento del candidato de derecha.
Su caída en las encuestas coincidió con la creciente impopularidad que fue tomando el proceso de paz entre el gobierno de Pastrana y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y a cuyo fracaso quedó asociado tras haberlo apoyado en los tres años de infructuosa negociación realizada del 7 de enero de 1999 al pasado 20 de febrero.
ACUSANDO A SU RIVAL
En su intento por contrarrestar el ascenso de su rival, el más duro crítico del diálogo de paz y de las FARC, Serpa se lanzó contra Uribe alertando que éste es impulsado por el paramilitarismo y es partidario de la “guerra total”, del neoliberalismo y de continuismo del gobierno de Pastrana.
Con una imagen de “candidato del pueblo”, el aspirante liberal destacó en la campaña su “compromiso social” y la necesidad de buscar una salida negociada al conflicto armado que desangra al país desde hace casi 40 años.
De abundante bigote chapado a la antigua, su porte de político tradicional lo exalta con mucho orgullo cuando defiende su trayectoria de más de 30 años en el Partido Liberal.
HIJO DEL “TINTERILLO”
Nacido en Bucaramanga, capital del departamento de Santander (noreste), en una familia formada por una maestra de escuela y el “tinterillo del pueblo” (abogado de poca monta), Serpa, titulado en derecho y ciencias políticas, se desempeñó al comienzo de su actividad pública como juez municipal.
Casado con Rosita Moncada y padre de tres hijos —Horacio José, Sandra y Rosita— el candidato siempre está acompañado por su familia en las giras.
Dio el salto a la arena política como alcalde del conflictivo puerto petrolero de Barrancabermeja, su ciudad adoptiva, luego fue electo representante a la Cámara (baja), de 1974 a 1986, y senador hasta 1991. Fue una época en la que tuvo un claro perfil de dirigente de la izquierda del partido Liberal.
Ese año fue presidente de la Asamblea Nacional Constituyente que reformó la Carta Magna, y durante el gobierno del presidente César Gaviria (1990-1994) trabajó en un fracasado proceso de paz con la guerrilla.
AMIGO DE SAMPER
Amigo del presidente Ernesto Samper (1994-1998), fue su jefe de debate de campaña y su ministro del Interior hasta 1997, cuando renunció para postularse a las presidenciales de 1998, de la que salió derrotado en segunda vuelta (con el 48 por ciento de los votos) frente a Patrana (52 por ciento).
Alvaro Uribe
Empeñado en llegar a presidente para transformar a Colombia, Álvaro Uribe, de 49 años —dado como favorito para suceder a Andrés Pastrana tras los comicios del próximo domingo— es un hombre marcado por la muerte violenta de su padre en 1983.
Tras unos anteojos delgados que le dan un aire reflexivo, Uribe se presenta a la elección como un disidente del Partido Liberal, y basó su campaña en la necesidad de autoridad y mano dura para enfrentar a la guerrilla de las FARC, que desde el año pasado lo considera objetivo militar.
Uribe, a quien las encuestas dan cerca de un 50 por ciento de intención de voto, debió realizar su campaña bajo estrictas medidas de seguridad, extremadas después del 14 de abril pasado cuando sufrió un atentado dinamitero durante una gira por el norte del país. Salió ileso, pero cuatro personas murieron en el hecho.
La violencia política ya se había ensañado con la vida del candidato: su padre, el ganadero y dirigente antioqueño Alberto Uribe Sierra, fue asesinado por rebeldes de las FARC que pretendían secuestrarlo, el 14 de junio de 1983.
QUINCE ATENTADOS
A partir de ese momento, Uribe endureció su posición ante los insurgentes, ya fuera como congresista o gobernador.
Al mismo tiempo quedó en la mira de los guerrilleros, quienes, según sus propias denuncias, han intentado matarlo al menos en quince ocasiones durante los últimos siete meses.
Definido en su entorno como un hombre clásico, chapado a la antigua, que reza y recita poemas, Uribe es amante de los caballos y abstemio.
EGRESADO DE HARVARD
Graduado en 1993 como especialista en administración y gerencia en la Universidad de Harvard, donde también estudió negociación de conflictos, Uribe afirmó que no aceptará “adhesiones ni vetos” de los paramilitares.
Anunció también que en su eventual gobierno aceptaría dialogar con la guerrilla siempre que ésta cese los ataques contra los civiles y la infraestructura nacional. Sus detractores lo califican de autoritario, carente de humor y de mal genio. Esta última faceta la dejó ver en un par de ocasiones, cuando se alteró ante denuncias de presuntos nexos con los paramilitares. Inclusive canceló abruptamente una entrevista con un periodista de la revista norteamericana Newsweek, por considerar que éste hacía preguntas irrespetuosas.
Pero en general, Uribe presenta una imagen de calma que, él mismo dice, se debe a la media hora diaria de yoga que practica en las madrugadas.
Casado con Lina Moreno —una filósofa que le huye a los medios de comunicación— y padre de dos hijos, Tomás y Jerónimo, el abogado Uribe llegó a la punta de los sondeos.
FUERZA CONTRA LA GUERRILLA
Como alcalde de Medellín (1982/86), gobernador de Antioquia (norte, 1995/97) y congresista, Uribe defendió la aplicación de la fuerza legítima para derrotar a los guerrilleros, los paramilitares de extrema derecha, los narcotraficantes y los criminales organizados.
Siendo gobernador y amparado en la ley, Uribe promovió en el conflictivo Antioquia la creación de las ‘Cooperativas Convivir’, asociaciones de civiles que tenían como propósito ayudar a las fuerzas de seguridad a combatir a las organizaciones violentas, y que líderes humanitarios acusaron de ser fuente de permanentes violaciones a las garantías básicas.