- Sin embargo, su labor social y ecológica pende de un hilo debido a la falta de recursos
Gabriela Roa [email protected]
Doña María Algeria Alemán Mena fundó con sus familiares en 1997 la Microempresa Ecológica Urbana (MEU), que hasta hoy sobrevive con déficit económico, pero con grandes ganancias sociales.
MEU nació con la ayuda de diferentes organismos no gubernamentales con el objetivo de darle respuesta al problema de la basura del Barrio Jona- than González, mejorar el saneamiento ambiental de la zona y disminuir las enfermedades infectocontagiosas.
Doña María, a sus 64 años, es la gerente propietaria de MEU, y se encarga de coordinar a un total de 18 trabajadores que mantienen a flote el proyecto sin apoyo de nadie.
Alrededor de trece trabajadores se encargan de recolectar la basura en los barrios 3-80, Golfo Pérsico, Jonathan González y sus anexos, en dos carretones y una camioneta.
Mientras recolectan la basura se realiza una preselección, y una vez que la llegan a botar a las oficinas de MEU, ubicadas en el Barrio Jonathan González, el resto del personal, incluyendo a doña María, realiza la selección definitiva de la basura y la almacena de acuerdo a su utilidad.
Se trabaja de lunes a sábado en un barrio diferente cada día, desde la seis de la mañana hasta las cinco de la tarde, con sólo una hora de descanso al mediodía para almorzar.
En total atienden unas 2,400 casas que antes no contaban con este servicio por parte de la Municipalidad, sino que debían depositar la basura en unos contenedores que permanecían repletos de desperdicios y funcionaban como focos de contaminación.
Sin embargo, menos de la mitad de los pobladores pagan los diez o 15 córdobas mensuales que cobra MEU por el servicio.
Doña María, entre lágrimas, recuerda los momentos difíciles que han tenido que enfrentar, pero sin dejar de trabajar casa por casa.
En las oficinas de MEU diario se llena un contenedor de unos ocho metros cúbicos que posteriormente la Alcaldía se encarga de limpiar.
Pero antes de que llegue el camión de la Alcaldía es que se selecciona de la basura los materiales utilizables para venderlos, como el papel, vidrio, cobre, bronce, plástico sólido y suave, tarros de leche, zapatos, palos, etc.
“Casi un 85 por ciento de la basura es de utilidad”, dijo doña María. Estos desperdicios los venden a través de intermediarios, “estamos luchando por tener contactos directos”, lamentó.
“No es justo vender el quintal de aluminio a 250 córdobas, ¿usted sabe lo que significa estar agachándose recogiendo esos tres mil tarritos que trae un quintal?”, subrayó.
Cabe señalar que éste esfuerzo de MEU de clasificar la basura, permite que estos desperdicios vuelvan a ser útiles.
FUNCIÓN SOCIALY ECOLÓGICA
El biólogo Kamilo Lara asesora a los propietarios de MEU de forma voluntaria, y comentó que este tipo de proyectos deberían multiplicarse con la participación activa de la comunidad y con un apoyo más franco y abierto de las alcaldías.
-Sin embargo, para mantener su labor social, los microempresarios además de maquinaria necesitan de un terreno más amplio en los alrededores del barrio para diversificar el trabajo y emplear a los jóvenes en riesgo de la comunidad.
-Lara destacó la función social y ecológica de esta microempresa, que muy pocas en su rama tienen, debido a que la mayoría sólo se limitan a depositar los desperdicios en el basurero sin clasificarla.
-Pero si la microempresa no logra sostenerse tendrán que suspender la recolección de basura y dedicarse únicamente a la compra y venta de materiales reciclables.
-Sin embargo, esta medida drástica podría incrementar los problemas ambientales en la zona.