- Ahí es donde se muestran las aptitudes
Wilder Pérez [email protected]
Tenía 28 años cuando lo firmaron, su estatura no alcanzaba los seis pies, era casi un analfabeta, y sólo sabía de béisbol y labores del campo. Era rudo. Nunca se le quitó el deje norteño al hablar. Le decían “El Guajiro”, y lanzaba unas “pedradas” próximas a las 100 millas por hora. Jamás aprendió a hablar bien el inglés y no tenía licencia de conducir.
Aun así, Porfirio Altamirano llegó a las Grandes Ligas. Hoy vuelve la vista atrás, y especifica las razones por las que muchos jóvenes en plenitud no llegan a pesar de tener la ventaja de la edad.
Según “El Guajiro”, a veces es porque el pelotero no pone mucho interés en lograrlo, pero también existen factores como las discotecas, las drogas, los vicios y las mujeres. La nostalgia y la barrera del idioma son factores controlables, afirma.
“Cualquier cosa de esas puede hacer daño al muchacho. Cuando yo estuve, noté que muchos muchachos se iban a las discotecas y se aparecían hasta las dos o tres de la mañana, y al día siguiente había que practicar, creo que no es indicado para un deportista”, recuerda. Un punto que Altamirano no quiere que quede fuera es que, aunque no lo admitan, en las ligas menores existe mucha droga, por lo que casos como el de David Green no son extraños.
LA DIFERENCIA
Pero para el pelotero nacional, lo más difícil, según “El Guajiro”, puede ser el trajín. “Aquí estamos acostumbrados a ponernos el uniforme y jugar, allá es distinto, en las menores trabajás de nueve de la mañana a cinco de la tarde, sólo media hora te dan para que te tomés una sopa con una galleta, si estás preparado para eso, podés estar en Grandes Ligas”, asegura.
Mientras, en las mayores el trabajo es más “suave”, porque el jugador descansa toda la mañana, hace sus ejercicios por la tarde y se une a las prácticas del equipo antes del juego.