La violencia contra mujeres y niños es una de las formas más visibles y condenadas en el mundo. Nicaragua tiene leyes, pero del dicho a la aplicación el camino es largo.

Niñez azotada por mil caras de la violencia

En la sesión especial para la infancia de Naciones Unidas se discutió ayer el tema de la violencia. Se estima que en los años noventa por lo menos dos millones de niños murieron por conflictos armados. Alrededor de 250 millones se desempeñan en las peores formas de trabajo, y millones son víctimas de violencia física […]

  • En la sesión especial para la infancia de Naciones Unidas se discutió ayer el tema de la violencia. Se estima que en los años noventa por lo menos dos millones de niños murieron por conflictos armados. Alrededor de 250 millones se desempeñan en las peores formas de trabajo, y millones son víctimas de violencia física y sexual en sus casas

Amalia [email protected]

La calle es más segura, en algunos casos. Una bolsa repleta de bolsas de agua defiende a Yamila (18 años) del hambre. Pero en su casa no hubo quien la protegiera de su padrastro.

A Yamila, el nombre ficticio de una muchacha que vende agua helada en un semáforo capitalino, su padrastro la violó cuando tenía 10 años. En un momento dice que el abuso se repitió varias veces, pero después recapacita, y dice que sólo fue una vez, cuando tenía 14 años.

El padrastro aprovechó que la mamá de Yamila no estaba. “Mi mamá trabajaba como doméstica. Salía a las seis y regresaba hasta como a las nueve de la noche. Yo me quedaba cuidando a mis hermanas. Son cuatro las que me siguen”, dice.

No recuerda si alguna de sus hermanas menores presenció la escena, pero está segura de que sólo abusó de ella.

Yamila calló lo sucedido, no porque quisiera ocultarlo, sino porque su padrastro la amenazó. “Me tenía dominada y yo le tenía miedo”. Tenía un novio y ni siquiera a él le contó. “Yo no podía, tenía miedo”, insiste.

ROSARIO DE ABUSOS

El padrastro ejercía dominio sobre ella en todo. Y justo, fue ese “dominio” el que la animó a revelar su historia.

En una ocasión, mandada por el padre falso, Yamila fue a la casa de la hija mayor del hombre a prestar un dinero que necesitaba. “Ella es una mujer ya y parece que me vio toda rara y se puso a interrogarme”. La hermanastra de Yamila también había sido abusada por el mismo hombre.

“Me presionó tanto que le conté”, dice la muchacha. A los días lo supo su mamá, quien denunció el abuso en la Policía y luego abrió causa en el Juzgado. El padrastro estuvo preso seis meses, pero al final la justicia lo absolvió, según relata Yamila.

Aunque no volvió a vivir con ellas, Yamila no pudo librarse del miedo que le tenía. Y un buen día, se fue de la casa con su novio, quien le ofreció, entre otras cosas, seguridad.

“Pasé de un infierno a otro”, dice con resentimiento. El marido de Yamila se juntó también con el alcohol y otras drogas.

Bajo los efectos de las drogas Yamila saboreó golpes y procreó a sus dos hijos.

NIÑA MADRE DE NIÑOS

El primer hijo de Yamila llegó casi a los 15 años. El segundo, año y medio después. “Sigo con mi marido. Le he dicho que se vaya, pero no se va”.

De vez en cuando le arma unos infanzones, que amainan con sus llantos con algún golpe. En la comisura de la boca, Yamila anda implantado el recuerdo de la última reyerta marital.

Ella asegura que encuentra paz en su venta. Además, con lo que allí gana mantiene a sus dos chavalos y ayuda a su mamá.

“Saco 80 ó 90 pesos diarios. Lo menos que hago son 40 pesos”. Yamila dice que de ésos, 30 le tocan a su mamá, quien se hace cargo de sus hijos.

De lo que le ha pasado, una de las cosas que Yamila más resiente, es que no pudo estudiar. “Sólo llegué hasta segundo grado porque mi padrastro me sacó”.

Yamila cuenta su historia como si hablara de otra persona. Aunque nunca olvidará lo que le pasó, dice que le ayudó mucho la Iglesia. “Me hice cristiana”.

Y a su juicio fue la justicia divina la que se encargó de su padrastro, quien murió hace dos años.

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