Es lamentable que los nicaragüenses se vean despojados de su identidad y sean manipulados a gusto y antojo por aquéllos que solamente ven al pueblo como una herramienta útil para su propio desarrollo personal político, día a día el ciudadano de este país se despierta con la negación latente de sus ideales, títere de las decisiones políticas impertinentes y aún injustas de aquéllos que ostentan el poder y han dejado a un lado las mayorías de esta sociedad que tropiezan y se ven limitadas a obtener planteamientos y estadísticas distantes de su realidad actual.
Los valores éticos y morales han pasado a un segundo plano; la nueva ideología los considera un obstáculo innecesario dentro del alcance pleno de objetivos específicos.
Cien días o seis años, da lo mismo. Lo que nos debe importar es el hoy que vivimos y que conocemos, los nicaragüenses debemos seguir criticando con nuestra propia autocrítica. No seamos como aquéllos que señalan con el dedo y no se dan cuenta que hay otros tres señalándolos a ellos mismos.
Carlos Navarro B.