- Fabricación de jaleas y encurtidos inicia desde sus propias casas
María Antonia López M. [email protected]
Día a día, un grupo de mujeres tenían que trasladarse hacia un plantío de yuca o ajonjolí, donde se veían obligadas a realizar un esfuerzo que las dejaba exhaustas.
La mayoría son mujeres solas que deben buscar miles de maneras para mantener a sus hijos. Muchas de ellas se daban a la tarea de alquilar tierras para poder sembrar. Ahora han cambiado la modalidad, desde que aprendieron a utilizar su patio y se dieron el lujo de organizarse en una cooperativa desde donde obtuvieron fondos para operar a pequeña capacidad, pero con grandes motivaciones para prosperar en el futuro.
Son unas 20 mujeres de la comarca Lechecuagos, en el departamento de León, quienes iniciaron un proceso de recuperación tras los daños causados, primero por la erupción del Cerro Negro en 1992 y después cuando el huracán Mitch afectara sus viviendas en 1998.
Hace cuatro años, empezaron a obtener ayuda, con la entrega de cerdos, vacas, y algunas semillas para plantar los huertos, todo eso debía ser reintegrado y desde allí surgió un 20 por ciento de capital semilla, que permitió conformar la cooperativa de pequeños productores que con el aporte de los socios ha logrado salir adelante y financiar la construcción de la pequeña planta procesadora de frutas desde donde fabrican jaleas y encurtidos.
Teodora Marcelina Hernández, de la comunidad Fruta Caliente Número 2, explicó: “hemos sido sufridas de distintas formas, teniendo que arrancar yuca y cortar ajonjolí, queríamos tener un trabajo decente, ahora que producimos estas jaleas nos sentimos bien. Creemos que vamos a salir de la pobreza, solamente tenemos que superar el problema de la venta”.
Otra de las productoras expresó que recibía el apoyo de su marido, quien le ayuda a cuidar el huerto, cuando ella tiene que ir a la pequeña fábrica de jaleas.
Teodora Barreda, de la Comunidad Monte Redondo, explicó: “he tenido que alquilar tierras para sembrar, pero ahora que estoy en la cooperativa y en el grupo de mujeres que hacemos jalea, vamos a salir adelante”.
Pese a la experiencia adquirida, estas mujeres todavía tienen que superar un problema clave: la venta de sus productos, porque muchas veces la gente no quiere pagar lo que valen. Un primer esfuerzo público será un puesto sobre la carretera a León, desde donde empezarán a promocionarse para luego pensar en sitios más formales.
Como parte del proceso de desarrollo que tienen pensado, están la creación de una etiqueta que identifique el producto, para lo cual tienen que definir un nombre, así como la obtención del registro sanitario de parte de las autoridades oficiales.
COLECTAN DE SU PATIO
Las mujeres consideran que están ahorrándose costos, desde el momento en que la fruta para las jaleas o las legumbres para los encurtidos los obtienen de los huertos de sus propios patios, que fueron promovidos por el organismo Ciprés, con financiamiento del organismo de cooperación Oxfam.
Para que pudieran procesar las frutas tuvieron que capacitarse en las diferentes frutas y encurtidos, luego de varias prácticas se dieron cuenta que ya podían hacerlo sin ayuda.
Cada una de estas frutas o legumbres sufren un proceso de higienización con agua y cloro para garantizar calidad en el producto
Actualmente tienen capacidad para producir unos 40 envases de jalea mientras no tengan un mercado seguro.
Cada envase lo están vendiendo en 10 córdobas, aunque aún no han sacado el costo total de todo el proceso productivo.