Pedro Carmona cumple casa por cárcel después del golpe de Estado que encabezó contra Hugo Chávez.

Carmona: “No soy un Pinochet light”

El hombre que ocupó efímeramente la presidencia de Venezuela después del golpe de Estado relámpago contra Hugo Chávez, pide perdón a su país Desde su casa, en donde guarda prisión domiciliar, Pedro Carmona niega ser golpista Paula BustamanteAFP CARACAS.- El empresario Pedro Carmona, quien sustituyó al presidente Hugo Chávez tras el fallido golpe de Estado […]

  • El hombre que ocupó efímeramente la presidencia de Venezuela después del golpe de Estado relámpago contra Hugo Chávez, pide perdón a su país
  • Desde su casa, en donde guarda
    prisión domiciliar, Pedro Carmona niega ser golpista

Paula BustamanteAFP

CARACAS.- El empresario Pedro Carmona, quien sustituyó al presidente Hugo Chávez tras el fallido golpe de Estado del viernes pasado en Venezuela, asumió sus responsabilidades, pero rechazó que se lo califique de golpista de derecha por disolver el Parlamento y los poderes públicos durante su efímero gobierno de menos de 48 horas.

“Pido, pues, al país perdón y comprensión por cualquier error cometido. Algún día podré explicar las cosas con mayor amplitud. Entretanto, formulo mis mejores votos por la tranquilidad y el progreso de nuestra patria”, indica Carmona al final de un documento de tres páginas que se refiere al caos político de la semana pasada y en el que abundan las excusas y las justificaciones.

Carmona, de 60 años y en prisión domiciliaria desde el lunes, explicó que el viernes asumió la presidencia “transitoria” de Venezuela cuando el entonces general e inspector de las Fuerzas Armadas venezolanas, Lucas Rincón, y “numerosos oficiales de alta jerarquía de dicha institución y del gobierno”, anunciaron que el presidente Chávez había renunciado.

Hace exactamente una semana, miles de adversarios y partidarios a Chávez protagonizaron violentos enfrentamientos que, en la madrugada del viernes, desembocaron en el derrocamiento del mandatario, quien fue sustituido por Carmona, entonces presidente de la cúpula empresarial Fedecámaras.

“No soy golpista, no he conspirado, no conspiraré ni he traicionado mis profundas convicciones democráticas. Fui llamado a ocupar la presidencia para el período transitorio después que se había anunciado en forma pública la renuncia del Presidente de la República”, asevera Carmona al principio de su carta, titulada: “Asumo mis responsabilidades ante la historia”.

El mismo viernes por la tarde, cuando se autoproclamó presidente transitorio —su gran error político—, Carmona leyó un acta constitucional de 11 puntos que le otorgaba amplios poderes, entre éstos la disolución inmediata de la Asamblea Nacional (Legislativo) y todos los poderes públicos, lo que desató una ola de críticas en la comunidad internacional.

“Los hechos ocurrieron con tal celeridad que se cometieron errores que asumo plenamente, pero también demostré capacidad de rectificación, al pedir la reinstalación de la Asamblea Nacional para formalizar la transitoriedad”, al final de la tarde del sábado, cuando miles de partidarios de Chávez reclamaban su regreso al poder en las calles de Caracas.

El comandante general del Ejército, Efraín Vázquez Velazco, ya había condicionado su apoyo a Carmona a la reinstalación de la Asamblea Nacional y el restablecimiento de los poderes públicos.

RESPONSABILIDAD HISTÓRICA

Pedro Carmona sostiene que el Parlamento reinstalado iba a ser el “encargado de designar a los nuevos representantes del poder público”.

“Finalmente, en el momento en que la Asamblea sesionó y decidió designar al vicepresidente (del gobierno de Chávez, Diosdado Cabello) para cubrir la falta del presidente, acaté públicamente dicha decisión y renuncié ante el país a dirigir la provisionalidad”, puntualiza Carmona.

El efímero presidente dijo al diario El Nacional que percibió “en horas que, de permanecer las cosas intactas, no iba a ser factible que la transición se perfeccionara”.

“En este caso, el tiempo ha (demostrado) que era conveniente tomar algunas medidas duras que aseguraran la transición y la rápida recuperación del hilo constitucional”.

“Por eso asumo la responsabilidad ante la historia. Si bien hubo actos que pudieran aparecer como ilegítimos, estaban referidos, en función de la invocatoria de otras normas constitucionales como el artículo 350, a la necesidad de garantizar que esa rápida transición fuese viable”.  

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